Permítanme presentarme: Soy escritor, periodista y socialista. También fui pobre. En serio, por mucho tiempo. Era estudiante e intentaba darme a conocer en la industria de medios y comenzar una organización. Me tuve que mudar 15 veces en 15 años, porque la renta en Londres no hacía más que subir. 
Esto me enseñó una lección importante: Podrás querer estudiar políticas públicas o astrofísica, podrás querer darte a conocer, podrás querer ganarte el pan honradamente, pero todo eso es  extraordinariamente difícil si tu mente está pensando en las cuentas por pagar. O si sabes, con todo tu corazón que cuando llegues al cajero, la pantalla dirá: “fondos insuficientes”. 
Mientras pasaba por todo eso, lo cual, debo decir, duró más de lo que me hubiera gustado, estaba de acuerdo con las ideas de la tradición liberal que leía, principalmente la que decía que solo uno puede determinar cómo se va a desenvolver su vida, nadie más. Para todos en esta sala, la mejor persona para decidir cómo vivir su vida, son Uds. No hay autoridad más alta, ni siquiera el Estado. Pero lo que estaba igual de claro era que, al no tener acceso a ciertos recursos, educación, transporte,  atención médica y vivienda; la capacidad de propia autoría está muy limitada para muchos. Es claro que vivimos en una sociedad en la que la libertad, la búsqueda de la felicidad, está limitada para la mayoría de la población global. Para muchos, es una ilusión. Resulta que el objetivo liberal de autoría propia, de determinar cómo uno debería vivir su vida, requiere recursos socialistas. El Estado debe involucrarse. 
Vivimos en un mundo  donde el capitalismo ha prevalecido. Ha ganado. Me preguntaron, allá atrás, “¿Qué marca vistes?” y dije, “Chanel Allure” y yo soy el comunista. 
(Risas) 
Así que no soy ningún iluso, ha ganado completamente. Y las ideas que lo controlan son las del liberalismo económico. El liberalismo económico dice lo que les acabo de compartir. Que el individuo tiene el privilegio de determinar cómo vivir su vida y que debería suceder a través del mercado. Pero hay un problema. Mientras que el mercado puede ser un gran recurso para obtener las cosas que necesitas, para ser quien deseas ser, para muchos, es todo lo contrario. Provoca falta de libertades. Es una limitación. Es más similar a un sistema  de racionamiento que de prosperidad. 
Sabemos que este es el caso para una cantidad creciente de personas, porque las cifras no mienten. En 2018, 40 millones de estadounidenses usaron vales de comida, 13 millones más que en el 2007, antes de la crisis financiera global. Claramente, algo está mal. Pueden no coincidir conmigo sobre todo lo demás, pero esos son los hechos. En el Reino Unido, un país más pequeño, en 2016, 17 millones de personas en edad laboral tenían 100 libras o menos en sus ahorros. Están a un pequeño accidente de terminar en la miseria. 17 millones de personas en edad laboral. 
El capitalismo dice  sobre su único criterio de éxito, el crecimiento global, dice: “sí suceden cosas terribles, inequidad, pobreza, lo que sea, pero al menos tenemos crecimiento”. Bueno, en realidad, la historia tampoco es tan genial. A pesar del alza en China, el crecimiento global va en descenso. Así que la economía global sigue creciendo pero a un paso más pequeño, más lento, con cada década. 20 años atrás, si usabas el término “década perdida”, estabas hablando de Japón. Mis disculpas para aquellos de ascendencia japonesa. Hoy, es un término aplicable para la mayoría de la economía global. De Gran Bretaña a Italia, Sudáfrica a Brasil, y una década se convierte en dos. Y empeora más. A este malestar económico que hemos visto en los últimos 15 años se le une la crisis climática y el envejecimiento demográfico, la crisis del cuidado de ancianos. Resulta que las primeras décadas del siglo XXI, aunque fueran malas para muchos, solo son el principio de un huracán. 
Ahora... a pesar de todo lo que les he dicho, soy un optimista. Creo que los humanos tenemos el ingenio para asumir estos retos y alcanzar una prosperidad y libertad sin precedentes para todos. Esto puede suceder  mediante el uso del Estado y el aprovechamiento de la revolución tecnológica. Escribí un libro sobre eso. Se llama “Comunismo de lujo  totalmente automatizado”. 
(Risas) 
La palabra con C. 
(Risas). 
Totalmente automatizado, pues requerimos un sistema que reduzca la necesidad  de trabajo humano en la producción. Lujo, porque necesitamos expandir el sentido de libertad  y el tiempo de ocio para todos. Comunismo, porque lo que creo que se avecina en este siglo podría ver el fin  de la producción para el canje y la necesidad humana  de vender trabajo por un salario. 
Pero en la política, las grandes ideas logran poco. Ha sido un problema  en la historia izquierdista. No sé si lo saben. Y lo que importa ahora, en el 2022, son propuestas concretas. Así que, ¿cómo aprovechamos la revolución tecnológica? ¿Cómo utilizamos al Estado para abordar los retos de los que acabo de hablar, y que estoy seguro  de que todos aquí reconocen? El alce de la inequidad, la crisis climática, el envejecimiento demográfico. 
Para algunos, la respuesta es la renta básica universal, una RBU. A pesar de que soy un “millennial”, y aún me congelo al ver mi saldo bancario, no soy fan de eso. Y la razón es que una RBU asequible no es efectiva, y una RBU efectiva no es asequible. 
Mi propuesta, en su lugar, son los servicios básicos universales. SBU. Estos son servicios   disponibles universalmente, gratis al momento de utilizarse, y que se pagan a través  de una tributación progresiva, similar al NHS en el Reino Unido. 
Propongo cuatro de estos servicios básicos universales: atención médica, vivienda, transporte y educación. ¿Por qué estos cuatro? Vivienda, porque no puedes resolver un problema a largo plazo, o hacer algo con tu vida, si debes mudarte cada 12 meses. Créanme, lo sé. Atención médica, porque la base  de todo lo demás es el bienestar físico y mental. Educación, porque no puedes contribuir a tu comunidad si no tienes las habilidades, y necesitamos comenzar a reconocer que una sociedad educada es un bien común. Las personas que se preparan para ser dentistas, parteras, ingenieras, incluso contadores. Las necesitamos. Necesitamos personas con esas habilidades, no solo para prosperar, sino para sobrevivir y todos nos beneficiamos de esas habilidades. Transporte, porque puede que tengas las habilidades, una vivienda, pero la ubicación es un obstáculo para acceder a las oportunidades. 
Puede que estén  de acuerdo conmigo hasta aquí, que digan: “Aaron, lo entiendo. El fallo de mercado existe. Y sí, bien, el Estado debería intervenir  en algunas áreas, bien. ¿Pero por qué universal? Deberíamos llevar recursos que escasean a quienes más los necesitan”. Bueno, dos académicos encontraron una muy buena respuesta hace 20 años. Sorpresa, eran suecos. Y descubrieron que los países con sistemas universales de bienestar tenían las tasas más bajas de adversidad, las más bajas en desigualdad, y que esos sistemas exigían  el consentimiento más amplio posible. Si quieren consultar la fuente, es Walter Korpi y Joachim Palme. Búsquenlo en Google Scholar. 
Ahora, ¿cómo funciona? ¿por qué sucede? Bueno, resulta que los sistemas universales de bienestar, debido a su propia naturaleza, tienen menos burocracia. No realizan evaluaciones socioeconómicas, así que el estigma es menor y las personas que acceden a los recursos, los usan en verdad, a diferencia de la evaluación socioeconómica, donde sientes  que no deberías utilizarlos. Y, sobre todo, tienen la participación de esa clase política, la más importante en la democracia, la clase media. Hay una razón por la que el NHS en Gran Bretaña sigue existiendo después de 80 años y es tan querido. Es porque todo el mundo lo usa. Es parte del tejido nacional. Es parte de nuestra conversación  y espacio social. Nos pertenece a todos en el Reino Unido, y nos da mucho orgullo. Así que si quieren servicios de bienestar que aborden la adversidad, reduzcan la desigualdad, sean efectivos, eficientes y les agrade a todos, háganlos universales. 
“Bien, me gustan esos servicios,  ¿pero cómo los pagamos?” Una palabra: impuestos. No es nada nuevo, lo sé. En EE. UU. en la década de 1950, la tasa máxima de impuesto era del 90 %. Hoy es del 37 %. En el Reino Unido, durante el gobierno de Thatcher, la tasa máxima era del 60 %. Hoy, es del 45 %. Dwight Eisenhower y la Dama de Hierro, para nada marxistas radicales. Y luego, hay cosas como el impuesto  de transacciones financieras. Toda esa indignación, de hecho, de que gravamos más  a los trabajadores que a los ricos, lo cual es increíble. En el R.U. y EE.UU., se grava más el salario que la ganancia de capital ¿Cómo puede ser? Es un sistema amañado. 
Después tenemos los problemas de la revolución tecnológica. Y  esta es una razón por la que me gustan los servicios básicos universales. Si tengo razón, entonces las tendencias del siglo XXI son deflacionarias. La energía, la información, el trabajo se están abaratando, son deflacionarios, y permanecerán así por mucho tiempo. Es difícil creerlo en el 2022, cuando llenas tu tanque de gasolina, pero las tendencias renovables son claras, y permanecerán  por mucho tiempo. Ahora, ¿queremos que esas tendencias apoyen los servicios básicos universales, o que respalden a los accionistas, o que creen la base para nuevos modelos monopolísticos? 
Finalmente, sobre la crisis climática, otra razón para los servicios básicos universales. Una RBU conllevaría  un gasto extraordinario de dinero. Y aun así, no logro ver lo que haría en términos de alejar nuestra economía de los combustibles fósiles, lo cual, estoy seguro de que todos aquí reconocen, tenemos que hacer ya. Con los servicios básicos universales podemos ver una agenda poscarbono al centro de la educación, la salud, el transporte y la vivienda, para eliminar el carbono  de las economías. Para apartarnos  de los combustibles fósiles, debemos hacer algo  que los fundamentalistas de mercado odian, y se llama planear. 
Proyecten sus mentes hacia el 2100, y un mundo posterior al capitalismo como hoy lo conocemos. Van a su trabajo cuatro horas diarias en un centro de cuidado de ancianos, una de las pocas industrias  de trabajo intensivo que aún existen. Después, van a almorzar, ven a sus amigos, y hablan de irse de vacaciones a un bosque restaurado, para ver algunos bisontes y algunos osos. Y hablan sobre querer estudiar para un tercer título, esta vez en medicina, porque trabajan con gente mayor y les fascina este ámbito, esa área, la industria creciente  para la extensión radical de vida. Y, oigan, sus dos primeros títulos no costaron nada, y el segundo, de literatura del este asiático, les dio una nueva perspectiva de vida. Y les encantó la poesía japonesa  después de eso. Suena bien, ¿no? Les llega una notificación al terminar de almorzar. Su clínica de salud local les pide que vayan a un chequeo rápido. Se encaminan, toman el autobús, gratis, eléctrico, automático. Los autobuses utilizan un fuerte algoritmo predictivo para determinar cuándo  y cuánto suministro requiere para su óptima eficiencia y eficacia. Compara eso con la hora pico en Los Ángeles o Londres. Gran diferencia. Yo sé cuál prefiero. Llegan a la clínica de salud local. Les dicen: “mire, es hora de una biopsia líquida. No vino  la semana pasada”. Entran. Cáncer en etapa cero. No hay problema, hay pastillas que arreglan eso. 
En cada etapa de esta narrativa, la atención médica, el transporte,  los títulos, el cuidado geriátrico, hemos visto los servicios básicos universales en acción. Universalmente disponibles, gratis al momento de consumirlos, y pagados por impuestos progresivos. Ahora, puede que suene utópico. En lo personal, creo que  es más fácil lograr esto que colonizar Marte, pero la sociedad por alguna razón piensa distinto. Pero no es utópico. De hecho, de muchas maneras, este mundo se parece al nuestro. Aún hay mercados para muchas, muchas cosas. El Estado no se involucra  en hacer chocolates o calcetines o corbatas, sino que es el jugador central en las cuatro cosas requeridas para la libertad: vivienda, educación, atención médica y transporte. Y decir que no es utópico significa que aún habrá cosas malas. Siempre hay discusiones, enemistades personales, amoríos, enamoramientos y desamores. A menudo, enamorarse es peor, más peligroso. Estas cosas aún pasarían, pero son mejor que la falta  de vivienda, no poder pagar por tu insulina, o no lograr abordar la crisis climática como especie. Es tiempo de que vivamos a la altura de esas palabras gloriosas: “vida, libertad  y la búsqueda  de la felicidad”. Y reconocer que, para la mayoría de la población mundial, la búsqueda de la felicidad es imposible. Es totalmente ilusoria, a menos que tengan acceso a los servicios básicos universales. Esta es la forma a través de la cual garantizamos la libertad de todos y abordamos los grandes retos del siglo XXI: la crisis climática, desigualdad, envejecimiento demográfico, mientras aprovechamos las grandes tecnologías que el ingenio de nuestra especie ha creado. 
No creo que haya otra forma de enfrentar tales retos. Creo que cualquiera que piense diferente  vive una ilusión. Pero eso significa hacer algo que para la clase política y el pensamiento clasista, ha sido un “no” por décadas. Y es regresar el Estado, sí, el Estado, al centro de nuestra economía y nuestra vida social. 
Gracias. 
(Aplausos) 
[A CONTINUACIÓN: SESIÓN DE PREGUNTAS CON AARON BASTANI] 
Chris Anderson: Gracias, Aaron. Creo que tenemos una pregunta en la forma de Maja Bosnic, que es una experta en finanzas públicas. Habló recientemente en TEDWomen. Maja, ¿cuál es tu pregunta? 
Maja Bosnic: Sí, muchas gracias. Mi pregunta es básicamente en relación a las resistencias. Trabajo con servicios públicos y trabajo para hacerlos más sensibles hacia el género, así que sé un par de cosas sobre las resistencias. Y quería preguntarte, ¿cuáles son las resistencias más grandes que ves y en cuál o cuáles de las cuatro áreas que has mencionado? Gracias. 
Aaron Bastani: Gran pregunta, gracias. Para mí, es la vivienda. Porque, sobre todo en economías angloamericanas, hay un modelo de crecimiento construido sobre la especulación inmobiliaria. La realidad es, para los que  son como el Reino Unido y EE.UU., el mercado de bienes raíces en Canadá también es algo similar, necesitamos algo similar a lo que ha visto Japón en los últimos 25 años, que es detener el incremento de los precios de vivienda. Perdón, debería decirlo mejor, un crecimiento del 0 % en los precios. Para que los salarios puedan emparejarse. Vi una estadística impresionante, en el Reino Unido, que mostraba que la mayoría  de los propietarios están felices con un crecimiento del 0 % en los precios de vivienda. Y tiene sentido. ¿Por qué querrías que aumentara el precio de tu casa? Si compras otra casa el precio de esa también habrá aumentado. Y creo que la gente sabe que esto no está funcionando para los renteros, los que no son dueños. Yo preferiría mantener ese precio sin cambios, y, ya sabes, que más personas se involucren en nuestra economía. Pero eso, creo yo, es un gran reto estructural. Tendríamos que hacerle frente a la inversión especulativa. 
CA: Gracias, Maja. Aaron, realmente me intriga este argumento sobre SBU, en parte porque, estructuralmente, algunas de esas cosas naturalmente se organizan mejor si solo hay una de ellas, no varias compitiendo. Comparas el capitalismo en la atención médica en EE.UU. con el NHS o el asunto del Estado que, a pesar de sus fallas, parece proporcionar una atención médica igual de bien o mejor por la mitad del costo. Para el transporte, puedes dar el mismo argumento. ¿Pero has calculado el costo? Implementar estas cuatro cosas implica una inversión masiva. ¿Lo has calculado? 
AB: No lo he hecho. La University College London ha calculado servicios universales básicos y tenían seis, incluían la comida, lo cual es bastante ambicioso. En el sistema de salud privado de EE. UU., el 16% del PIB va a la atención médica. En el Reino Unido, 10%. Y tenemos una mayor expectativa de vida, menos mujeres mueren en el parto, menor mortalidad infantil. Así que, claramente, algo va bien. “El NHS está mal financiado”, subamos uno o dos por ciento. Y, claro, hay cobertura universal. Así que hay un argumento sólido para el sistema de salud pública, desde una perspectiva de eficiencia. 
Y esta sería mi respuesta... (Aplausos) 
AB: Gracias. 
(Aplausos) 
Y mi respuesta respecto  al cuidado de ancianos sería: Si notamos la crisis de envejecimiento demográfico y el cuidado de ancianos que se aproxima por la baja tasa de fertilidad de reemplazo de la población que envejece. Y sí quiero que alguno de estos genios nos haga vivir 200 años, sería estupendo. Pero si sucede, entonces crearíamos  una crisis para el cuidado de ancianos y la realidad no es que no podamos solventar los SBU para el cuidado de ancianos... No podemos costear no hacerlo. Porque regresamos al punto del NHS sobre la eficiencia, en especial en el cuidado geriátrico. Si no es un SBU, estamos en grandes problemas. 
CA: Aaron, gracias por una contundente contribución a este debate. 
AB: Gracias, un placer. 
(Aplausos) 
