Imaginen que viven en el corazón de una conservación de interés mundial pero nadie les escucha. Sus aspiraciones no son válidas y su conocimiento no cuenta. Por desgracia, los ecosistemas clave y sus comunidades lo padecen a menudo en todo el mundo. 
En el ámbito de la conservación, mi campo de trabajo lo llamo “limpiar” la participación de la comunidad en la conservación que es cuando las organizaciones conservacionistas dicen que trabajan para las comunidades pero, en realidad, informan e imponen planes de conservación prediseñados y así, las excluyen y engañan a los medios de comunicación y financiación Piensen en el lavado de imagen verde y llévenlo a la conservación. 
Con suerte, todos coincidiremos en que ese enfoque no es el correcto y que es necesario combatirlo. Y, para empezar, ¿qué tal si lo hacemos cambiando de perspectiva en las clásicas cuestiones de conservación comunitaria? En lugar de preguntarnos cómo llevar la ciencia y la política a las comunidades qué tal si buscamos la forma de plasmar en la investigación y las políticas la voz y el conocimiento ancestral de las comunidades. Pero, no existe una única solución que resuelva todas estas cuestiones porque es necesario adecuarse a las realidades medioambientales sociales y económicas, propias de cada comunidad. 
Permítanme ponerlos en contexto. Trabajo en un sistema de humedales, el más increíbles de la Tierra. Los orígenes del Área de Conservación Transfronteriza de Kavango Zambezi conocida como KAZA. Ahora, KAZA se extiende a través de cinco países y es el hogar de la fauna ícono de África de paisajes increíbles, como el delta del Okavango y es el hogar de unas 2,5 millones de personas. Sus recursos naturales en el este de Angola son el corazón, los pulmones y la columna vertebral de toda la KAZA y sin embargo, están desprotegidos. 
En uno de mis numerosos viajes para investigar la zona conocí a Mama Lerógio la anciana de mayor edad de la aldea Luchaze y realmente se sorprendió de verme aún con vida. Me contó la historia del Mukissi una criatura mítica y gigante, con forma de serpiente que protege los ríos y, por ende, la vida. Y me dijo que si el Mukissi me perdonaba la vida después de pasar cuatro meses en canoas desde donde nace el humedal hasta el delta del Okavango en Botsuana eso significaba que confiaba en mí. Y si Mukissi confiaba en mí, el pueblo Luchaze también lo haría. Pero la mayoría de los niños de Luchaze no conocen la historia del Mukissi ni ninguna otra historia del lugar. Y eso es porque han padecido más de 40 años de guerra lo que ha creado una brecha en la narración de historias y los ha despojado del patrimonio cultural. Y ahora la sabiduría de los antepasados que es clave para la protección del patrimonio está atada a las generaciones más antiguas que van desapareciendo. 
Por eso emprendimos este viaje, para recuperar estas historias en un esfuerzo de devolverles el sentido de orgullo y de pertenencia. La transmisión oral de las historias ha tenido siempre un papel fundamental no sólo en la cultura africana, sino también en la labor de conservación. También hacemos trabajos con mapas los ayudamos a ver cómo su accionar influye e impacta sus tierras y también cómo afecta otras geografías. Para darles la importancia que merecen y así contrarrestar lo abandonados que se han sentido todos estos años. Y también les ayudamos a recuperar el poder de decisión al incentivar su interés en otras formas de sustento que podrían usar. Todo esto en un intento de que vuelvan a apropiarse del patrimonio y de que puedan manejar sus tierras y forjar su futuro. 
Pero, a lo largo de los años esa confianza de la que les hablé se hizo más fuerte. Así que ahora me regañan, me educan, me alimentan, me protegen me cuentan secretos sobre sus tradiciones. Los niños bromean conmigo, me ponen apodos pero nunca seré uno de ellos. Y por eso nunca confiarán del todo en mí. 
Pero ese es el propósito de esta charla. No deberían confiar en mí, ni en ti ni en nadie que aparezca con un gran plan para salvar el mundo. Deberían confiar en ellos mismos. 
La verdadera conservación comunitaria va más allá de asegurar que un anciano tenga un sillón ceremonial en la mesa y sea entrevistado. Fomenta la independencia absoluta, no la dependencia. La conservación perdurable viene de adentro. De creer, de pertenecer, de soñar. 
Así que, ya seas un conservacionista o un donador o un medio de comunicación o tal vez solo un curioso seamos facilitadores de eso de la protección del patrimonio, del sentido de propiedad del orgullo. No se conformen con tildar las casillas. Hagan las preguntas difíciles. Y pregúntese siempre: ¿Estamos trabajando para las comunidades o con las comunidades? 
Gracias. 
