Si concebimos a los océanos de aguas profundas como sitios oscuros y aterradores que están en el fondo de la Tierra, no sorprende que los ignoremos, pues ojo que no ve, corazón que no siente. Pero estuve allí en persona, con colegas, y si nos detenemos a pensar y consideramos a los océanos como parte del planeta, querremos protegerlos como a cualquier otro medio marino. 
Imaginen ahora cómo sería un animal de aguas profundas, el primero que venga en mente al pensar sobre el fondo del mar. Seguramente sea un animal como este. 
 
Es un pez de verdad, un animal de aguas profundas. Es la típica imagen que aparece en los medios cuando hablamos de animales de aguas profundas. Pero hay dos cosas que confunden en esta fotografía. La primera confusión es que estas criaturas no habitan en aguas tan profundas, dentro de las grandes dimensiones marinas, quizá a unos cientos de metros, los primeros mil metros de la superficie. La otra confusión es que suelen tener este tamaño. 
 
De modo que no asustan demasiado. 
 
No es que se lanzarán al ataque, ¿verdad? Pero siempre nos han hablado de los “monstruos de las profundidades”, en voz baja, y de extraterrestres del abismo. Pero si nos detenemos a pensar en los detalles técnicos de la existencia de alienígenas en el abismo, el único alienígena en un mar profundo puede ser el humano. Porque todo el resto es parte del océano. Con orgullo, puedo decir que soy un alienígena del abismo. 
 
Llevo 20 años estudiando las partes más profundas del océano, y en los últimos años, desde un submarino. 
Una de las típicas preguntas que nos hacen cuando decimos “El martes bajé a 10 000 metros”, es “¡Vaya! ¿No les da miedo?“. Y ese es el punto: el miedo. No soportamos la idea de estar debajo del agua. Entonces la representación del mar de aguas profundas es la manifestación física, tridimensional, de dos de las cosas que más odiamos. Hay una frase que lo resume: los miedos más profundos y oscuros. Somos mamíferos que respiran aire, y por eso no nos gusta estar bajo el agua, especialmente si es profunda. Además, somos animales de orientación visual, y buscamos la luz. Pero si nos sumergimos a 11 km bajo la superficie, decimos: “¡Qué espanto, tan profundo y horrible! Da mucho miedo”. Ahora pongan esos 11 km en línea horizontal. Seguramente muchos de los presentes hicieron 11 km el día de hoy. 
Lo otro que nos disgusta es lo desconocido. Aquí es donde comienza a intervenir el límite entre la realidad y lo que nos dice la TV. 
Los medios suelen decir que se sabe más de la superficie de la Luna que de los océanos. En principio, ese concepto es anterior a las misiones de Apolo y a la época en que no se sabía mucho sobre la Luna ni los mares. 
Cuando observamos la superficie del mar, vemos esa maravillosa fauna de ballenas, delfines, calamares y medusas. Cuando esos animales mueren, toda esa increíble materia orgánica se hunde en las aguas. ¿Adónde va a parar? A partes más profundas. Se deposita en el lugar que llamamos el abismo. Pero no es “El abismo” que pasan por televisión. Técnicamente, la zona abisal tiene de 3000 a 6000 m de profundidad. Sí, relativamente poco para mis parámetros. Todo ese material orgánico desciende y se deposita allí. Los animales de aguas profundas se alimentan de eso y lo van reciclando, lo entierran. Lo integran a la cadena alimentaria y a los sedimentos al mismo tiempo. Así, estos animales hacen trabajo de jardinería, porque si no lo hicieran, estas inmensas llanuras abisales del planeta serían grandes sumideros, estancados y espantosos. En resumen, estos animales irrigan gran parte del planeta. Y grande en serio. Las zonas abisales ocupan un 70 % del planeta. 
Hagamos un viaje y descendamos a las profundidades del mar. ¿En qué parte nos sumergimos? ¿Cómo siquiera saber dónde estamos? Porque siempre se dice... 
 
De verdad, siempre nos dicen que no hemos mapeado los océanos. Algunas partes del lecho marino se han observado a simple vista. Esa imagen la tomé con mi teléfono. 
 
La veía al mismo tiempo, así que cuenta. Y hay un porcentaje que fue mapeado o medido por sistemas remotos. La profundidad aquí es de unos 2000 metros. Y cerca del 20% del planeta fue mapeado con una resolución bastante alta usando la acústica. Esta es una fosa enorme al norte de Nueva Zelanda. Básicamente, las zonas se han mapeado. Todo depende de cuál es la resolución. Hay sitios que conocemos al dedillo, con sus incontables recovecos. Ya no hay más Fosas de las Marianas por descubrir. Imaginémonos en el submarino. Por cierto, aquí estamos nosotros. Como ven, es un submarino grande, con todas las comodidades. La luz solar de la superficie disminuye muy rápido, quizá en los primeros dos minutos. En efecto, enseguida nos rodea la oscuridad. A medida que uno desciende por la columna de agua, siempre se dice que el agua es extremadamente fría, agua gélida en verdad. Efectivamente es fría, pero no tan fría como los inviernos que he pasado hasta que me mudé a Australia. 
 
Hay entre 1 y 3 grados en su parte más profunda. No tan fría. Pero toda esa masa de agua se sigue moviendo en el fondo, se sigue aireando, contiene mucho oxígeno y mueve el calor. Arrastra el calor de la atmósfera y las aguas superficiales, y lo disipa por  el planeta. 
Si vamos al fondo de las Fosas de las Marianas, la presión, que allí es de una tonelada por centímetro cuadrado, actúa implacable sobre esa bola de titanio en la que viajamos. Repito, hay que tener un temperamento muy particular para hacer esto, pero está bien  porque no pasa nada por dentro. Mientras nos movemos, lo que se ve por la ventanilla es básicamente lodo. Pensemos que todo eso ha bajado desde la superficie. Toda esa bella materia orgánica es carbono que toma de la atmósfera y que el océano absorbe. La superficie del océano decanta y desciende hasta el lodo. ¿Qué pasa con el carbono? La razón por la cual las fosas son tan profundas, de 11 km en ciertos lugares, es que dos placas tectónicas entran en colisión. A veces se separan, a veces se deslizan una sobre otra. Pero las fosas se forman cuando una placa tectónica colisona con otra y la hunde debajo del manto de la Tierra. Así se formaron las Fosas de las Marianas. Todo el carbono atrapado en el sedimento va a parar al manto de la Tierra. Las zonas más profundas del planeta son uno de los pocos lugares donde disponemos de carbono. Otra vez, le hacen un favor al planeta. 
Pues bien, cuando miramos por la ventanilla, ¿qué se ve? 
 
Si prendemos la luz, efectivamente, parece lodo. Muchas partes son planas, bellas, atractivas, de color dorado. Este lecho está sano, en buenas condiciones. A veces encontramos rocas y salientes rocosas. Hay piedras de todo tamaño. Quizá pueda sorprender, pero en realidad no son imágenes extrañas. Son todas cosas que encontraríamos si bucéaramos de noche. En definitiva, el paisaje  de los sitios más profundos no es demasiado raro, ni algo que podría infundir miedo. 
Así que volvamos a los monstruos de las profundidades. ¿Cuál dirían que es el mayor animal con tentáculos que existe? No olviden que los tentáculos representaron desde tiempo inmemoriales el temor a Dios para los navegantes. Imaginen a la criatura de “La cosa” subiendo desde el fondo del mar. Quizá les venga esto en mente. 
 
Esa foto también la tomé con mi móvil. 
 
Fue una semana rara. Efectivamente, ese es el tipo de imágenes que vienen a la cabeza. Asociamos el mar profundo con tentáculos, etc. Pero la realidad es... y digo con orgullo que descubrí el pulpo de aguas más profundas. 
Audiencia: Oh... 
AJ: Y tiene el tamaño de un perrito. 
 
Y esperen que falta más. Su verdadero nombre es Grimpoteuthis, que es algo raro, pero se lo conoce como “pulpo Dumbo”, por sus orejas parecidas a Dumbo. Vive a casi 7000 metros en el océano Índico. Ahí tienen al terrible y enorme pulpo que los puede atacar. 
Veamos entonces cómo son los peces de aguas profundas, con grandes y feos colmillos, ¿verdad? Y acechan en la oscuridad, para atacarnos. Los peces de las aguas más profundas son los peces caracol. Quizá parezcan un poco torpes. No tienen pinta de ser peligrosos. Nada que temer. Dan vueltas resoplando, viendo qué encuentran. Tienen ojos pequeños. Y son gelatinosos. Se les ve el hígado sobre el costado. Tienen un cuerpo blando. Y lo que me gusta de los peces de aguas más profundas es que en realidad no lo son. Son de aguas superficiales y se han ido extendiendo. Los peces caracol viven en superficie. Algunos, incluso en estuarios. Les da lo mismo. Los peces caracol no pueden ser encasillados. 
Sigamos. Otra especie que a todos nos gusta son los camarones, ¿verdad? Deliciosos. Aquí vemos al último crustáceo de gran tamaño que habita en aguas profundas. Este camarón está a casi 8000 metros, y no se vería mal en un mercado, pues su aspecto no es nada raro. 
Y ahora uno de mis favoritos que está en aguas muy profundas y que a veces se ve en las zonas más profundas de distintas fosas. Casi nunca aparece en otros sitios que no sea en los lugares más extremos. Es una especie de anémona, que parece una flor blanca que flota en el viento. Son criaturas muy bellas, y habitan, increíblemente, en lo que calificaríamos como ambientes extremos. Tienen un nombre impronunciable en latín, que no debería ni intentar decir, pero es Galatheanthemum. Me salió. 
(Risas y aplausos) 
Gracias. 
(Aplausos) 
No lo intentaré dos veces. No quiero arruinarlo. 
Pues bien, si reconsideramos las imágenes visuales y la apariencia real de los mares de aguas profundas, y no lo que nos han dicho, es hora de empezar a pensar en los océanos en general como un mismo e inmenso océano, desde la superficie hasta el fondo. El océano no sabe de las líneas imaginarias que diferencian entre mares y mares profundos. Entonces este nos importa, este no. Este sí, este no. Pero es lo que hacemos. Por ejemplo, si estamos en el Amazonas, no diríamos: “Bien, vamos a clasificar todas las especies de los primeros 200 m, y el resto hacia abajo son monstruos de los árboles. 
 
Como esa parte es tan oscura y horrible, hagamos eso”. Pero es exactamente lo que hacemos con el 70 % del planeta. Y es una pena. 
Otra pregunta que a veces me hacen, además del tema del miedo, la claustrofobia, la cuestión del baño y ese tipo de cosas, es qué se siente al estar en el fondo del mar mirando por la ventanilla. Y siendo totalmente sincero... es una pregunta difícil de responder. En realidad, es muy interesante. Al final, la experiencia es maravillosa. Pero en el momento, es una lección de humildad, porque allí uno cae en la cuenta de que está a unos 11 km bajo el agua, a una presión de una tonelada por cm2. Uno se siente muy apartado. Pero también se siente la majestuosidad. 
Es exactamente al revés de lo que nos dicen. No da miedo, sino paz, y la belleza se muestra a pleno. Creo que debemos desafiar las narrativas existentes, dar vuelta la historia y empezar a concebir al mar de aguas profundas como un lugar fascinante, maravilloso, interesante, que reviste una gran importancia. Y será solo entonces, cuando tomemos en cuenta todo eso, que realmente podremos proteger y habitar nuestros océanos. 
Gracias. 
(Aplausos) 
