Sabemos que nos siguen a todos lados. Pero como abogado, tecnólogo y activista antivigilancia tengo que decirte dos cosas: el peligro es más grande del que imaginas y las soluciones son más sencillas de lo que piensas. y no, no es cubrirte de papel de aluminio. 
(Risas) 
Quizá sepas que los anunciantes pueden registrar todos los enlaces que visitas y todos los lugares que has ido, pero quizá no te hayas dado cuenta que  el gobierno también puede comprar datos. si la policía quiere rastrear una protesta de Black Lives Matter, pueden comprar los datos. si Texas quiere ver una clínica abortiva, pueden comprar los datos. y cuando el servicio de impuestos quiere saber si tu empresa en Florida está trabajando en California, no necesitan comprar datos. Ya lo hicieron. Millones de registros de nuestras ubicaciones. 
Y lo que el gobierno no puede comprar, lo toma por la fuerza, usando la constitución del siglo XVIII en contra de la tecnología del siglo XXI. Con una orden de geovalla las compañías están forzadas a entregar  nuestra localización... no de una persona, sino de todos, los datos de cada usuario  en un área de referencias, no importa si es una habitación o una ciudad completa. En un caso de Virgina,  la policía hizo una redada mucho más allá de la escena del crimen. obligando a Google a identificar  a todas las personas en las cercanías, incluso a los que están en la iglesia, incluso si no eran sospechosos. no es solo orwelliano,  es una vigilancia mala. Busca todo lo que quieras y los movimientos de una persona  siempre van a parecer sospechosos. Como en Arizona, cuando arrestaron  a una persona por un asesinato que pasó a millas de distancia, solo porque alguien inició sesión  en su cuenta de Google; o porque se vinculó un hombre a la escena de un crimen en Florida por andar en bicicleta por el barrio. 
Mira, no sé acerca de ti, pero encuentro difícil hacerme de valor para hacer ejercicios sin preocuparme de que  mi reloj inteligente me lleve a la cárcel. 
(Risas) 
La tecnología hace que rastrear  sea posible, pero las leyes le dan poder, pero plantea un peligro discriminatorio a las personas de color, la comunidad LGBT  y las familias indocumentadas. No podemos seguir siendo testigos de cómo la policía destruye a pedazos la Cuarta Enmienda con investigaciones e incautaciones. No podemos esperar  a que la Corte Suprema actúe. Tenemos que vetar las órdenes de geovalla y otros tipos de vigilancias abusivas. 
(Aplausos) 
Los defensores de la privacidad  han luchado por años 
contra cómo las empresas recopilan nuestros datos. Y fallamos. Quizá deberíamos habernos protegido  la cabeza con papel aluminio... 
Pero podemos parar la vigilancia masiva si cambiamos el problema que intentamos resolver. Cambiando el enfoque de cómo las empresas recolectan nuestros datos a cómo el gobierno abusa de esto. 
En Estados Unidos,  nuestra regla por defecto es que cada móvil, computador  o dispositivo con internet es una herramienta policial. La policía puede confiscar  nuestros dispositivos y pinchar a Alexa, pero no controlan el contorno de nuestra constitución. Es nuestra decisión, nuestra democrática decisión, si nuestros datos pueden ser usados en fines no democráticos. Podemos crear nuestros muros cortafuegos para proteger nuestra información, no códigos de computación, códigos legales eso nos blinda de tener nuestros datos usados en nuestra contra en los tribunales de justicia. Los cortafuegos legales se están volviendo una realidad en Nueva York. En el clímax de la pandemia, temimos que la policía y  el servicio de inmigración pudiera abusar de nuevas aplicaciones que rastrean los contactos de todos. Así que trabajamos con la organización New York Civil Liberties Union doctores, organizadores para crear el primer veto a la policía para que no rastreen datos en el país. 
Nadie debería tener miedo de ser arrestado por los datos públicos de la salud, pero eso aún es un peligro en 49 estados. Los cortafuegos legales nos permiten  tener nuestra tecnología y constitución, posibilitando la innovación a través de la prohibición de la opresión. Vemos destellos de bipartidismo en el Beltway, pero la gobernación estatal y local son nuestra mayor esperanza. Eso se debe a que puede tomar millones de personas para promulgar una ley nacional, pero solo un puñado  de activistas comprometidos para hacer un cambio  en sus comunidades. Y ya vemos un diluvio de protecciones estatales y locales, incluido un proyecto de ley que ayudé a escribir, La primera prohibición judicial de geovalla en Nueva York. 
(Aplausos) 
Gracias. 
E incluso algunas cortes están de acuerdo. El mes pasado un juez federal anuló una amplia geovalla en Virginia, pidiendo a los legisladores estatales que promulguen proyectos de ley como el mío. Como manifestaste adolescente, las cámaras de la policía siempre estaban frente a mí, vi la vigilancia como una amenaza, y la gente pensaba que mis miedos  eran como de ciencia ficción. Hoy en día, tienden a pensar que la  vigilancia es inevitable y que la privacidad es fantasía. 
Pero estoy más optimista que nunca. Tuvo que llegar a tal límite para que ya no pudiesen seguir negándolo y para que la gente tomara acción. Sé que podemos salvarnos de esa distopía que se avecina. Sé que podemos proteger todo lo que la tecnología haga en el futuro, 
pero solo si prohibimos  los abusos de la vigilancia hoy día. 
Gracias. 
(Aplausos) 
