Un anillo con habilidades sobrenaturales que tienta a su portador con poder. Pero no hay hobbits, enanos o valquirias en esta historia. De hecho, la leyenda del anillo de Giges surgió mucho antes de que estos personajes aparecieran en papel: Hace más de 2000 años, En “República” del filósofo griego Platón. La historia empieza cuando el filósofo Sócrates, y su estudiante, Glaucón, discuten por qué la gente actúa con justicia. ¿Es porque es lo correcto? ¿O porque es una convención impuesta mediante castigos y recompensas? Haciendo de abogado del diablo, Glaucón debate con Sócrates y cuenta la siguiente historia... 
Hace mucho tiempo, un pastor llamado Giges estaba cuidando su rebaño cuando ocurrió un terremoto que abrió un hueco en la tierra. El abismo atrajo a Giges. Allí, sus ojos se posaron ante un caballo de bronce, las puertas a su cámara central entreabiertas. Al mirar dentro, descubrió el cadáver de un gigante. En su dedo, un anillo de oro, el cual Giges tomó antes de volver. Luego, se sentó con los otros pastores, jugueteando con el misterioso anillo cuando, de repente, luego de girar distraídamente su piedra, se volvió invisible. Cuando la giró en dirección opuesta, reapareció. Envalentonado por los poderes del anillo, se le presentaron nuevas posibilidades, y un sórdido plan se gestó en su mente. Giges se volvió un mensajero del rey de Lidia, y, dentro del palacio, usó el anillo para merodear desapercibido. Sedujo a la reina y la convenció de traicionar a su esposo. Y pronto Giges, el humilde pastor, asesinó al monarca y reclamó el reino. 
Glaucón cuenta esta historia para ilustrar como las personas pueden aparentemente beneficiarse actuando de modo injusto. Después de todo, ¿no actuaría como Giges cualquier persona racional si se le presentase la oportunidad de conseguir lo que desea sin consecuencias? 
Explorando este argumento, Glaucón divide todos los bienes en tres clases. Los primeros, los deseamos por sí mismos, como la experiencia del placer inofensivo. Los segundos, los queremos solo por el valor que generan, aunque sean onerosos, como el ejercicio o la medicina. Los terceros se componen de cosas que deseamos tanto por sí mismos como por el valor que ofrecen, como el conocimiento y la salud. Glaucón afirma que la justicia pertenece a la segunda clase de bien: Es una carga que, sin embargo, genera recompensas. Él razona que el único motivo por el que alguien se comporta virtuosamente, es debido a influencias externas. Entonces es aparentar -no ser- virtuoso lo que importa 
Sócrates, según Platón, no está de acuerdo. Responde que la justicia pertenece a la tercera clase de bien, que ofrece beneficios tanto extrínsecos como intrínsecos. Sostiene que el alma humana tiene tres partes: Razón, espíritu y apetito. La razón guía al individuo hacia la verdad y al conocimiento, y es influenciada por el espíritu o el apetito. El espíritu es justo, ambicioso y el origen de las acciones audaces, mientras que el apetito consiste de deseos más bajos y corporales. 
Para Sócrates, el filósofo se guía por la razón, y su espíritu mantiene al apetito bajo control, Haciéndolos los más justos y felices. Incluso sin las consecuencias, no cometerían actos viles y egoístas. Mientras tanto, el tirano sucumbe al apetito y actúa injustamente. Así que, mientras Giges puede haber conseguido poder y riquezas, Sócrates insinúa que su alma estaría en discordia. Esclavizado por sus deseos básicos en lugar de ser guiado por la razón y no sería verdaderamente feliz. 
Antes de que Platón escribiese este debate, el filósofo chino Confucio, razonó que simplemente actuando con justicia, también se beneficia uno mismo. Después, filósofos occidentales modernos expresaron creencias varias. Thomas Hobbes, por ejemplo, argumentó que el estado de la naturaleza es violento y egoísta. Por lo tanto, la justicia debe imponerla la autoridad. Por el contrario, John Locke afirmó que las personas están obligadas a ser justas por naturaleza y aceptan participar en la sociedad civil para garantizar sus derechos naturales. 
La alegoría del anillo mágico mal habido que atrae a su portador hacia sus deseos más oscuros continúa inspirando. Así que, si el anillo de Giges cayese en sus manos, ¿qué harías? 
