Una mujer entra a  un campamento militar enemigo. Cuando los guardias la detienen, les dice que desea contar los secretos de su gente al general al mando. 
Pero ella no es realmente una traidora. En el cuarto día bajo  la protección del general, ella espera que se emborrache  y lo decapita, salvando a su gente de su tiranía. 
Esta es la historia bíblica de cómo la heroína Judith asesina al brutal Holofernes. Aparece en multitud de obras de arte, incluyendo la Capilla Sixtina. Pero la representación más icónica de todas fue pintada por un artista que abordó esta ambiciosa escena  cuando solo tenía 19 años. Su nombre era Artemisia Gentileschi, aunque muchos eruditos se refieren a ella como Artemisia, como otra maestra italiana Así que, ¿quién era Artemisia y qué separa su representación del resto? 
Artemisia recibió educación artística de su padre Orazio Gentileschi. Él fue su tutor en el nuevo estilo de pintura dramática iniciado por el artista Caravaggio. Este estilo, llamado el Barroco, se  construyó sobre tradiciones renacentistas. 
Mientras que los artistas del Renacimiento imitaban a los griegos clásicos, mostrando momentos de paz o equilibrio entre intensidad, los artistas barrocos enfatizaron el momento climático con acción dinámica. Las obras barrocas también marcaban el drama a través de la composición y contrastes extremos de luz y oscuridad, llamados claroscuro o tenebrismo. En conjunto crea un efecto que  apela más emocionalmente al público. 
A pesar de que Artemisia dibujó en el estilo de Caravaggio, por muchos testimonios, su rendición supera a la antigua  representación de su maestro. Como Artemisia, Caravaggio se focalizó en el momento de la decapitación, contrastando dramáticamente luz y  oscuridad y enfatizando la violencia. Pero a su pintura le falta el impacto  visceral del de Artemisia. Donde la heroína de Caravaggio mantiene su distancia del acto sangriento, la Judith de Artemisia se arremanga y clava la rodilla en la cama para contrarrestar  la resistencia de Holofernes. Su cuerpo tiene un peso que hace la acción creíble, y los chorros viscosos de sangre empapando las sábanas son muy naturales. La sangre salpicando de la arteria  cortada de Caravaggio se ve muy artificial en comparación. 
Y, aun así, esta no es su pintura más celebrada de la escena. Terminó la obra en 1613, poco después de casarse y mudarse a Florencia, donde encontró el éxito profesional seguido de un periodo  muy difícil en su vida. En 1611, un colega de su padre, Agostino Tassi, apodado “lo Smargiasso”,  o “el abusón”, la violó. Cuando Artemisia se lo contó a su padre, él denunció el crimen como “violación forzada de una virgen”... unos términos que significaban que Tassi había dañado la propiedad de Orazio. Las leyes de violaciones se centraban casi totalmente en los cuerpos de jóvenes como propiedades de sus padres. El juicio de Tassi duró siete meses, durante los cuales Artemisia  fue sujeta a interrogatorios y torturada con aplastapulgares mientras testificaba contra él. Tassi fue sentenciado como culpable, pero sus poderosos patrones  consiguieron revocar su sentencia. 
Algunos eruditos han sugerido que Artemisia empezó la pintura cuando el juicio aún estaba en marcha. Muchos debaten si la violación pudo influenciar su trabajo. 
Artemisia revisitó el personaje de Judith repetidamente. Una pintura muestra  a Judith y a su criada intentando escapar del campo enemigo. Aquí, Artemisia añadió un pequeño ornamento en el pelo de Judith, posiblemente haciendo referencia a David, el protector de Florencia, con un guiño a Miguel Ángel. En la empuñadura de la espada hay un grito de Gorgon o Medusa... ambas arquetipos femeninos evocando ira y poder, que conecta la obra a Caravaggio. 
Artemisia pintó su representación  más famosa de Judith entre 1618 y 1620. La composición es similar a la de su primer cuadro en 1613, pero tiene detalles significantes para aquellos que miran de cerca. La espada tiene un parecido  más directo a un crucifijo, aumentando la sensación de que la venganza de Judith es un acto ordenado por Dios. Artemisia también añadió un brazalete con la diosa de la caza... su tocaya, Artemisa. Esta firma es una de las muchas maneras en las que su arte se mantiene fiel al sentimiento que expresó  al final de su vida: “Las obras hablarán por sí mismas”. 
