Uno de los momentos más aterradores de mi carrera empezó una oscura mañana en octubre del 2018. Soy atleta profesional y mis horarios de entrenamiento son abrumadores. Seis días a la semana, cinco horas al día. Es intenso. Aun así, nunca entreno demasiado temprano. Pero ese día, un tipo de miedo en particular me levantó a las 4 de la madrugada. Temía que alguien descubriera un secreto que estaba guardando. Tenía seis meses de embarazo. Estaba embarazada y asustada como para entrenar en la oscuridad para que nadie viera la vida que crecía dentro de mí. Temía que si un fan o alguien publicaba una foto, mi patrocinador cambiaría de opinión inmediatamente sobre trabajar conmigo. Temía que me vería forzada a elegir entre la maternidad y ser una atleta de competición. Temía que la carrera que me costó tanto construir desaparecería, así sin más. 
Creen que exagero, ¿cierto? ¿Cómo alguien que ganó en JJ.OO. seis veces ha sido campeona mundial 16 veces, y tiene récord del mundo, podría pensar que su carrera podría terminar por hacer algo tan natural como tener un bebé? Pues no estoy exagerando. 
Quedar embarazada mientras se compite ha sido llamado “el beso de la muerte”. E involucra mucho miedo, igual que a mujeres de otras profesiones. He visto a mujeres que respeto y compañeras de equipo ocultando embarazos desde que tenía 19 años. He visto a mujeres tener que tomar decisiones devastadoras, como decidir entre recuperarse o regresar a entrenar. Decidiendo entre quedarse en el hospital con un hijo enfermo o ir a una carrera, por no recibir otra reducción de pago. 
Sé lo que algunos pueden estar pensando Todas decidimos embarazarnos, ¿cierto? Un patrocinador que no paga a quien no esté afuera, en la pista, ganando, es tan solo parte del trato, ¿no? Yo creo que ese trato está amañado. Creo que las compañías quieren ambas cosas. Y creo que es hora de cambiar. 
A las compañías deportivas les encanta decirnos que todo lo podemos. Las mujeres podemos con todo y ser quien queramos. Todos hemos visto esos anuncios inspiracionales. Recuerdo haberme reunido con la directiva de Nike en 2010 y me contaron sobre una iniciativa que patrocinaban llamada “Girl Effect”. Promovían a las jóvenes adolescentes como la clave para mejorar sociedades alrededor del mundo. Decían que creían en mujeres y niñas. Y que si me unía a Nike, podría empoderarlas. Y yo lo creía. ¿Pero adivinen qué? Las niñas vienen de alguna parte. 
(Risas) 
Y que las mujeres tengan bebés durante los años de crianza es algo que debería celebrarse, no castigarse. Debería ser parte de una carrera atlética normal, próspera y profesional. Ninguna mujer debería sentir nunca la necesidad de ocultar un embarazo a las 4 de la mañana, en la oscuridad, para que no le tomen fotografías haciendo aquello que aman. 
Gracias. 
(Aplausos) 
¿Recuerdan lo asustada que les dije que estaba en la pista ese día? En mi mente rondaban las consecuencias de mi decisión de empezar una familia. Ya llevaba un periodo difícil de renegociación con Nike, y ya me estaban ofreciendo 70 % menos de lo que ganaba anteriormente. Y eso incluso antes de que supieran del bebé. Y ni hablar de la discriminación por edad, 
Así que cuando les conté de mi embarazo, pedí una cláusula en el contrato especificando que no reducirían mi sueldo por 12 meses después del parto. Dijeron que sí. Pero... Sabían que habría un “pero”, ¿cierto? Pero solo me dijeron a mí que sí. No estaban listos para ofrecerle esa misma protección a todas las atletas. No estaban listos para marcar el precedente. 
Un par de días después me llamó mi agente. Nike me quería en un comercial para la Copa Mundial Femenina. No lo podía creer. Nike me quería a mí para decirle a otras mujeres y niñas que podían hacer lo que fuera, a pesar de que el contrato antes de mí decía lo contrato. Sabía lo que tenía que hacer. Sabía que debía salir de ahí. Sabía que me daba miedo, pero lo hice de todos modos. Escribí para The New York Times sobre la política de maternidad de Nike. Y no era la única. 
(Aplausos) 
Mis compañeras de equipo y yo ayudamos a cambiar el rumbo. Ahora Nike ofrece 18 meses de protección por maternidad y otros patrocinadores... 
(Aplausos) 
Y otros patrocinadores como Altra, Nuun, Brooks y Burton, se unieron y anunciaron nuevas garantías para sus atletas femeninas que empezaban una familia mientras las patrocinaban. Muy tarde para mí, pero algo increíble para las mujeres de ahora. 
No me resigné con Nike y estoy aquí para contar la historia. Pero además de eso, vine a decirles que Uds. también pueden hacerlo. Una vez que encuentren el valor para creer en Uds. mismos, en su propio valor, y en sus valores, se vuelve más fácil. Al tomar una postura se empieza a entender cómo superar ese miedo y cómo hacer un cambio por uno mismo y, a veces, por otros. 
Me fui a buscar otro patrocinador con Athleta, liderada por mujeres y enfocada en mujeres, y ahí me ayudaron... 
(Aplausos) 
Me ayudaron a desafiar la política de cuidados infantiles del Comité Olímpico. Juntas recaudamos USD 200 000 para que atletas femeninas puedan pagar una guardería cuando van a competir. Porque las mujeres tienen bebés y estos niños no desaparecen cuando las carreras comienzan. Regresé a las Olimpiadas dos años después de dar a luz. Gané un oro y un bronce. 
(Aplausos y vítores) 
Me volví la estadounidense más condecorada en la historia del atletismo. Todo mientras mi hija me veía. 
Audiencia: Aww. 
AF: Estaba corriendo por mucho más que solo medallas o por un tiempo en la pista. Corría en representación de mujeres y madres y de cualquiera a quien le hayan dicho que su historia había terminado. 
Recuerdo cruzar esa línea en Tokio y tener esa sensación de plenitud. Miré hacia mis pies y por primera vez en toda mi carrera, no estaba usando Adidas, no estaba usando Nike. Estaba usando Saysh, la marca de calzado femenino que fundé, diseñada por y para mujeres, cuando me dejaron sin patrocinador de calzado. Estaba cansada de que no ser valorada o capaz de presentarme tal y como soy. Aprendí que mi voz tiene poder, y cuando apuesto por mí misma, el cambio es posible. 
Durante la pandemia, todos vimos qué pasa cuando esa delgada línea entre nuestras vidas profesionales y personales se difumina para siempre. Hemos visto mujeres renunciando o dando un paso hacia atrás porque el tenerlo todo se convirtió en hacerlo todo, y hacerlo todo se volvió imposible. Debemos dejar de forzar a la gente a elegir entre tener hijos y hacer el trabajo que aman. Y debemos dejar de pretender que no estamos tomando esas decisiones, porque los resultados nos afectan a todos. No solo a las mujeres, sino a hombres y nuestros hijos también. Creando el entorno donde todos vivimos, trabajamos, amamos y criamos a nuestras familias. 
¿No es hora de que dejemos la hipocresía y creemos una nueva normalidad? Uno con verdadera generosidad, humanidad y honestidad como base. No una idea inapropiada de lo que los negocios son o hacen. Debemos decir aquello que toleraremos. Y mientras todos nos recuperamos de la pandemia que arrasó con nosotros, no reconstruyamos la misma versión del sistema descompuesto que teníamos. Mejor aprendamos y creemos algo nuevo. 
Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar. No hay que ser un deportista olímpico para hacer el cambio para Uds. mismos o para otros. Cada persona en esta sala puede apostar en sí misma. Normalmente, sucederá en momentos de miedo, cuando no se vea el camino hacia adelante. En mi experiencia, fue una decisión aterradora, pero esa será la primera pista. Esa sensación de estar aterrorizado es la invitación a hacer un cambio. Hay que reconocer esos sentimientos, hay que enfrentarlos, y hay que luchar pasa salir adelante. No será fácil. Tendrán miedo. Su voz temblará. Pero lo que puedo prometer, con toda certeza, es que valdrá la pena. 
Gracias. 
(Aplausos) 
