La primera lección de mi papá para mí fue: “Mira a la gente a los ojos, mi hija, asegúrate de que la gente te vea y tú los veas”. Ha sido un orgulloso conserje, trabajador agrícola, limpiabotas, constructor de viviendas y propietario de una pequeña empresa. Ha visto el mundo desde muchos lentes diferentes y tiene muchas historias que contar. Pero hay una que nunca me he podido sacar de la cabeza. Una historia cuando mi padre era un niño pequeño. 
Él y mi tío Milo sabían exactamente cuándo llegarían los camiones. Debajo de la autopista, justo cuando se ponía el sol, saltaron la valla para meterse en el vertedero. Y mientras esperaban los camiones, hacían apuestas sobre quién encontraría la mejor comida. Una manzana sin comer que podían limpiar, un plátano perfecto, a veces una barra de chocolate o un sándwich envuelto. Y luego agarraban todo lo que pudieran encontrar y guardaban lo mejor para llevárselo a sus hermanos y hermanas aún más pequeños. 
Odio esa historia. Pero la comparto porque no podemos resolver lo que no podemos ver. 
En 1936, esta imagen de la madre migrante capturó las condiciones de vida en Occidente, mostrando a los legisladores por lo que estaba pasando la gente. Después de su publicación, el gobierno de EE. UU. envió 9000 kilos de alimentos y esa imagen consolidó el apoyo para los primeros programas de redes de seguridad en EE. UU. Sin embargo, todavía hoy, más de 37 millones de estadounidenses siguen viviendo en la pobreza. Uno de cada seis niños. 
Como estudiante de economía y servidora pública de carrera, sé que llevamos mucho tiempo en esto. Pero es mi trabajo de hoy lo que me ha dado la esperanza de que finalmente podamos acabar con la pobreza tal como la conocemos. Y he aquí el porqué. En este momento, hay 80 programas de beneficio público en todo el país, destinados a proporcionar recursos críticos contra la pobreza. Sin embargo, se estima que cada año no se reclaman USD 60 000 millones en beneficios. Sesenta mil millones. Creo que, en gran parte, debido a sistemas complicados y obsoletos que no fueron diseñados para ver a las personas a las que sirven. 
Quiero que imagines por un momento que perdiste tu trabajo y no sabes cómo vas a poner comida en la mesa. Pero escuchas acerca de este programa gubernamental que puede ayudar. Y comienzas el proceso de solicitud. Lo primero que notas es que no puedes hacerlo con la única conexión en línea que tienes, tu teléfono, porque única forma de presentar una solicitud en línea es a través de una  computadora de escritorio. Así que te diriges a la biblioteca de la comunidad, revisas pantalla tras pantalla, respondes cerca de 200 preguntas, navegas a través de instrucciones confusas. Se siente un poco como un juego de gotcha, excepto que sus beneficios están en riesgo. Ahora, si eres de un lugar como mi ciudad natal, un pequeño pueblo agrícola rural, no hay un lugar público de fácil acceso con computadoras de escritorio. Así que tienes que encontrar quien te lleve a la oficina de servicios sociales más cercana, tal vez a 50 km de distancia. Cuando llegas allí, tienes que atravesar detectores de metales con dos guardias de seguridad, pasar una larga mesa de formularios de papel dispersos hacia la sala de espera principal. Es ruidoso y hay una larga fila que conduce a ese mostrador de servicio. Cuando llegas al frente, te encuentras con una gruesa capa de vidrio a prueba de balas que te separa de alguien que finalmente podría ayudarte. 
Ese ha sido el sistema en EE. UU. para muchas comunidades como la mía. Por lo tanto, no es de extrañar que 14 millones de estadounidenses no estén inscritos en programas de nutrición infantil y alimentos, o que seis millones no tengan beneficios de atención médica. La tecnología ha cambiado casi todos los aspectos de nuestras vidas. Ha hecho las cosas más rápidas, más eficientes, automáticas. Necesitamos hacer lo mismo para las personas que buscan beneficios. 
Trabajo para una organización llamada Code for America. Implementamos tecnología centrada en la persona, del tipo que la respeta desde el principio, la encuentra donde está y brinda una experiencia fácil y positiva. Y nuestra investigación ha demostrado que hay cuatro factores que debemos superar. Primero, sabemos que muchas más personas tienen acceso a Internet en su teléfono que en una computadora de escritorio. Por lo tanto, las aplicaciones deben estar en línea y ser compatibles con dispositivos móviles. En segundo lugar, mucha gente se está cayendo porque el proceso es complicado. Por lo tanto, las aplicaciones  deben ser simples y fáciles de usar. En tercer lugar, sabemos que las personas que son elegibles para un programa, como la asistencia alimentaria, tienen muchas probabilidades de ser elegibles para otro, como la atención médica. Así que combinemos procesos donde podamos. Y finalmente, sabemos que hay héroes invisibles en el gobierno --trabajadores sociales, asistentes sociales-- en primera línea, navegando por sistemas antiguos. Podemos equiparlos con los datos y las herramientas para optimizar sus esfuerzos. 
Así es como solía ser la asistencia alimentaria de California. 183 preguntas, 51 páginas de pantallas disponibles solo por computadora de escritorio. Tomamos esa aplicación y la rediseñamos. Esta es GetCalFresh, una primera aplicación móvil disponible las 24 horas del día en varios idiomas, con soporte de chat. 
(Aplausos) 
La solicitud de asistencia alimentaria de California pasó de ser una de las más complejas del país a ser reconocida como una de las experiencias de solicitud más fáciles de cualquier estado. Durante 10 años hemos estado trabajando con múltiples estados en proyectos como ese, mostrando la importancia y el potencial de la entrega digital de beneficios. Y ahí fue cuando llegó la pandemia. Y estas imágenes en West Valley, Utah; San Antonio, Texas; Pittsburgh, Pennsylvania. Estacionamientos llenos de familias esperando comida. Estados Unidos finalmente pudo ver lo que habíamos estado viendo durante una década. Creciente número de personas en situación de pobreza y comunidades excluidas como resultado de sistemas fallidos. Nuestro teléfono empezó a sonar. Desde Washington hasta Maryland, ayudamos a los estados a distribuir 600 millones de dólares en beneficios para niños en programas de almuerzos escolares. Luisiana usó nuestras herramientas de mejores prácticas para notificar a las personas. Enviaron proactivamente más de 40 millones de mensajes de texto a los residentes sobre cómo acceder a servicios críticos. Y en Minnesota, desarrollamos una aplicación todo en uno para nueve beneficios de red de seguridad diferentes. Eso se puede completar en menos de 14 minutos. 
(Aplausos) 
Casi 200 000 personas solicitaron inmediatamente en los primeros seis meses. Y por primera vez, el sistema de Minnesota se integró para llegar a todos los miembros soberanos de las naciones tribales. 
(Aplausos) 
Eso es posible, y este es el momento de seguir adelante, rediseñando nuestra red de seguridad para un nuevo tiempo y una nueva era. Y podemos hacerlo en todo el país, a medida que los gobiernos se reinician. 
Durante los próximos siete años, nos asociaremos para rediseñar sistemas para desbloquear USD 30 000 millones en beneficios para 13 millones de personas elegibles en al menos 15 estados. Reuniremos a científicos e ingenieros de datos, tecnólogos e investigadores, sentados codo a codo con equipos gubernamentales. Y nuestro Laboratorio de Innovación de la Red de Seguridad mejorará y compartirá las mejores prácticas para que todos los gobiernos puedan beneficiarse. Porque en el corazón de nuestro audaz objetivo está mostrarle al mundo lo que es posible cuando usamos las mejores herramientas que tenemos hoy: tecnología y gobierno centrados en el ser humano. Para que las familias no estén esperando en los estacionamientos por recursos. O los niños, que crecen como mi padre, no buscan comida por todos los medios posibles. Luego, veremos el verdadero potencial de cada niño. Y ese es el llamado de este momento para rediseñar nuestros sistemas para ver a las personas, a todas las personas. 
Gracias. 
(Aplausos y vítores) 
