Una suave percusión y un aroma tostado 
marcan la violenta transformación de las duras semillas en nubecillas de maíz. Este es el proceso casi mágico de la fabricación de palomitas. Pero, ¿cómo hemos llegado a tener este curioso alimento? 
Todo el maíz que se come hoy en día proviene de una planta llamada teosinte, que los pueblos indígenas de lo que hoy es el sur de México empezaron a cultivar selectivamente hace unos 9000 años. Una mazorca de teosinte originalmente producía entre 5 y 12 granos pequeños, cada uno con una cáscara dura llamada pericarpio. Y algunas variedades tenían una cualidad fantástica: si alcanzaban cierta temperatura, sus granos explotaban. 
Los granos de las palomitas explotan porque el agua y el almidón están sellados herméticamente dentro del pericarpio. Al calentarse, la humedad interna  se convierte en vapor. Al expandirse, aumenta la presión interna y el almidón sólido se transforma en una sustancia gelatinosa. Al final, la presión supera la resistencia del pericarpio y este estalla: El vapor y el almidón se expanden y forman una espuma que se enfría  y se seca rápidamente en el aire. De esta explosión a pequeña escala también brotan los componentes que le dan a las palomitas su intenso aroma. 
Los antiguos indígenas americanos cultivaban otras variedades de maíz con granos más grandes y sabrosos y pericarpos más finos. Pero la variedad de cáscara dura y fácil de reventar también persistió y se extendió por algunas partes de América. 
Cuando los colonos europeos llegaron a finales de 1400, los pueblos indígenas americanos ya preparaban y comían el maíz de muchas maneras. Las palomitas no formaban parte de su dieta, pero aparecieron en recetas europeas, que describían la preparación del maíz “tostado” o “seco” y su uso en algunos banquetes y celebraciones aztecas. 
A pesar de la reticencia inicial, los colonos finalmente empezaron a cultivar y explotar granos de maíz. Los métodos utilizados al principio eran inconsistentes y desordenados. Pero con la invención de las cestas de alambre sobre el fuego, alrededor de 1837, el proceso se simplificó. Pronto, las palomitas cobraron fuerza y se popularizaron como un aperitivo asequible y entretenido. En las décadas siguientes, se hicieron un hueco en los eventos y surgieron cientos de recetas que mezclaban palomitas con ingredientes dulces y salados. 
Pero las palomitas aún no habían alcanzado su apogeo. En la Exposición Mundial Colombina (1893), un inventor presentó la primera máquina de palomitas: un carrito que lanzaba palomitas mientras se cocinaban. Al poco tiempo, los vendedores recorrían las calles de EE. UU. con máquinas similares. 
Curiosamente, 
los cines eran algunos de los únicos locales estadounidenses donde no se podían encontrar palomitas en aquella época. Muchos operadores de cines veían sus locales como parte de una gran tradición teatral opuesta a las palomitas de maíz, que consideraban una comida callejera vulgar y desagradable. Sin embargo, cuando la Gran Depresión llegó en 1929, las películas ofrecían al público una distracción bienvenida. Y hacía poco que habían pasado de ser mudas y subtituladas a adquirir sonido, lo que las hacía accesibles a un público más amplio, incluidos los analfabetos. A unos cinco o diez centavos la bolsa, las palomitas resultaron ser un lujo barato para los cinéfilos, por lo que los operadores de los cines explotaron la oportunidad de ganar dinero. Hoy, hacer una bolsa mediana puede  costar alrededor de 60 centavos, pero se vende por unos 6 dólares, lo que supone un aumento del 1000 %. Las ventas de palomitas generan casi el 40 % de los ingresos de los cines, lo que ayuda a compensar los altos precios que los cines pagan a los estudios de cine. Durante el último siglo, la gente de toda América no ha dejado de hacer palomitas de maíz, y se han extendido distintas preparaciones por los mercados de todo el mundo. Cuando se lanzaron las palomitas para microondas en los años 80, la venta de palomitas volvió a dispararse. 
En Estados Unidos se cultivan decenas de tipos de palomitas de maíz. Al explotar sus granos, las distintas cepas toman formas propias, siendo las más comunes las formas de “seta” y “mariposa”. Y se han cultivado para que sean muy populares. Durante el último siglo, la expansión de las palomitas se ha duplicado. Ahora, los granos alcanzan hasta 50 veces su tamaño original al explotar. No es por ser empalagoso, pero las palomitas han cambiado mucho. 
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