Femi Oke: Tengo una teoría que el africano tiene una línea directa a la alegría. 
Angélique Kidjo: Ay sí. 
FO: Nos saludamos, nos damos la bienvenida. Existe dentro de nosotros como continente, existe una alegría imensa. 
AK: Sin duda. Es un estado de mente para nosotros. O te ríes o te mueres. No hay elección. Y de ahí es donde vienen los proverbios, de ahí es donde vienen todos esos gestos, a veces... puede ser insulto, o puede ser, “Ya vete, te estás haciendo el ridículo”. Nuestros cuerpos, tenemos señales. Y nos miramos uno al otro y a la situación... Puede que sea una situación grave y nos echamos a reír y decimos, “Alguien cometió un gran error. Y estás en un foso, ni te puedes escapar”. Y nos reímos y te ayudamos a la misma vez. Por eso digo que es un estado de mente. 
FO: He visto a personas mirándote en tus shows y están entre el público, están cautivadas con sonrisas, llenas de alegría. ¿Tienes consciencia de lo que haces a tu público? 
AK: No, no tengo consciencia porque para mí, cada concierto es un reinicio. Nunca doy por hecho al público porque nunca se sabe cómo va ser el concierto. Puedes tener un plan en tu mente, puedes tener tu setlist y todo. Es solo para ayudarte, es como un parámetro que estableces para poder presentarte. Pero lo que sucede después está fuera de tus manos. Ese es el poder de la música. Cuando detengo el micrófono, para mí, el escenario es mi sanctuario. 
FO: Estaba viendo algunos comentarios que la gente escribe cuando te ven en línea por YouTube. Normalmente no lo haría, pero esta vez está bien. No es horroroso. “Puro amor para Mamá Angelique. Una bella bola de energía”. 
AK: (Risas) 
FO: Tú sabes lo que haces. 
AK: Bueno, para mí estar en el escenario es la cosa más importante. Odio estar en el estudio, pero he tenido que aprender a través de los años que necesito estar en el estudio para poder presentarme, para ir al escenario. Y la energía de la cual estamos hablando, el público me la da. No la puedo guardar. Si la guardo, explotaré. Digo. No puedo dormir, o sea, al terminar un concierto, me toma como unas cuatro horas para tranquilizarme y conseguir dormir. Está terrible porque estoy bien animada. No necesito drogas. No tomo café. No bebo alcohol. No tomo nada, no lo necesito. La música es mi droga. Así que cuando estoy en el escenario, estoy tratando de demostrar la felicidad, la alegría y la fuerza que tenemos como seres humanos para prevalecer en cada circunstancia. Porque la música me ha enseñado cuando estoy ante el público, veo gente de todo el mundo, de todo tono de piel, y seguramente toda persona que habla diferentes idiomas, eso te hace humilde. 
FO: Y has ido mucho más allá de lo que se esperaría de alguien con tu perfil como músico. No eres solo músico, no eres solo artista. También eres docente. 
AK: La educación es todo. Y cuando empecé este camino con mi fundación Batonga, una cosa que tenía en mente es lo que mi padre siempre decía. Una persona educada es un pacificador. Y es verdad, porque cuando eres educado y entiendes la conectividad, todo en el mundo en que vivimos está conectado, incluso nosotros. Y si hay una cosa que aprendimos durante la pandemia, es que no podemos vivir solos. Cuarentena o no, llega un punto donde necesitamos unos a otros para poder celebrar nuestra humanidad. 
Desde el momento que empecé asistir a la escuela, disparó algo en mí. No solo la curiosidad, pero tenía una sed por aprender. ¿Qué puedo aprender cada día? Y regresaría a casa y haría preguntas. Y tengo el suerte de tener 10 hermanos que llegaron antes de mí. Algunos han estado ahí. Así que si hago preguntas, siempre habrá alguien que responde. Luego llego al colegio y empiezo a ver otro lado de la educación. Porque cuando terminé la primaria, la mayoría de mis amigas, hicimos planes. Al llegar al colegio, vamos hacer tal y tal cosa. De algunas de ellas, ya no se supo más. Y yo estaría preguntando, “¿Por qué no están aquí?” Luego mi amiga de la misma calle donde crecí, al otro lado de mi casa, nunca llega al cole - Y digo, “Papá ¿qué pasa?” Luego se enteró que ella se casó. Y yo - Fue un día que pregunté, “¿Vale la pena vivir si a esa edad te casas con alguien sin yo saber que estaba pasando? Entonces para crear mi fundación, mi escuela secundaria, es permitir que tengan más tiempo esas muchachas para tener un futuro, para decidir el futuro que quieren tener en vez de casarse joven y acabarse muriendo durante el parto. Entonces para mí, la educación no solo nos permite entender la complejidad de este mundo, sino también libera el poder que tenemos para entender al estar ante la injusticia, nuestros derechos, lo bueno y lo malo. Y con respecto a la mujer, sobre todo en el continente de Africa, empecé a darme cuenta de que la visión de mi padre para la mujer es totalmente distinta de la visión de los padres de mis amigas. Porque cuando yo voy a sus casas, yo no podía hablar porque estaba prohibida. Tenías que recibir permiso para hablar. En cuanto en mi casa, tienes algo a la mente, adelante. Alguien te va responder. Y empecé a ver las diferencias y dije, “¿Cómo podemos romper este ciclo de que siempre tiene que ser las mujeres que se callan y los hombres que hablan aún cuando dicen tonterías. 
FO: La Fundación Batonga crea oportunidades para mujeres y niñas, crea un futuro para ellas. Parece fácil al decirlo, que crea oportunidades para mujeres y niñas, fácil. Pero no lo es. ¿Nos puedes dar un ejemplo de tu trabajo de promoción que ha sido difícil pero has mantenido la lucha y has conseguido el éxito y la felicidad al otro lado? 
AK: Lo más difícil cuando empecé fue cuando no conseguía que las niñas hablaran. Me rompía el corazón. “¿Cómo te llamas?” No hay respuesta. Te miran como que - Y digo, “¿Por qué? ¿Por qué? Dime que necesitas. Estoy aquí para ayudarte. No te voy a decir qué hacer”. 
Desde el día que se dan cuenta y confían que no estoy ahí para juzgar sus elecciones, algunas ya eran madres. Y tienes mucho orgullo al hablar con gente desfavorecida. Porque decidí desde el inicio a andar por el camino de tierra donde nadie quiere ir porque ahí es donde hay menos oportunidades. Y no iba permitir que esas niñas fueran marginadas y dejadas en el limbo. Entonces desde el momento que comienzan hablar conmigo, ahí es cuando empiezo a ver cómo podemos avanzar juntas. 
Entonces arrancamos, como organización, necesitamos datos ¿cierto? Porque lo he hecho por diez años, mandando personas al colegio, llegan a la universidad, cosas así. Pero quería entender por qué y la razón por la que las niñas dejan la escuela. Así que a través de eso, vemos unas razones distintas. Una de las razones por la de dejan la primaria es que los maestros no son adecuados, así no tenían las herramientas para triunfar en la secundaria. Y puedes sufrir por tanta humillación cuando pareces ser una persona tonta, y no eres tonto, nada más no tienes las herramientas. Luego abandonas la escuela. El embarazo, por supuesto, y la pobreza familiar. Y algo que surgió de esa recogida de datos fue todas las niñas dijeron, “Necesitamos un espacio seguro. Necesitamos un lugar donde nos podemos hablar entre sí y podemos trabajar juntas y apoyarnos”. Dije, “Listo”. Entonces empezamos un club de niñas y creamos un programa basado en sus necesidades. Y pidieron a ser enseñadas cómo prevenir la violación. ¿Cómo se pueden escapar? ¿Cómo hacer las cosas? Entonces llegamos a algo sencillo. No salir cuando se está oscureciendo. Cuando estás caminando y hay una sombra detrás de ti y te sientes incómoda, no empezar, no intentar de ser valiente. No intentar de ser audaz. Salir corriendo. Y preparamos una comunidad. Si una niña llega a tu casa, mantiénela ahí hasta un familiar puede venir porque hay un peligro en la calle. Entonces creamos todo así. 
Lo que está pasando hoy que me da mucho orgullo es que esas muchachas jóvenes están volviéndose empresarias y creando trabajos. Tienen control total de lo que hacen con su dinero. Han decidido que van a ahorrar su dinero. No fui yo. Para las niñas no sufrir por esto otra vez. Lo que quieren es romper el ciclo de la pobreza. El próximo paso que estoy tomando es ir al norte de mi país Benin. Las niñas en Benin, a los ocho años, las mandan a las casas de los hombres con que se casarán. Vuelven criadas hasta que empiezan a menstruar... Y quiero romper ese ciclo. He estado trabajando duro. He estado pidiendo ayuda por tanto tiempo. Vamos a empezar con organizaciones locales. No traemos a nadie de afuera. Trabajamos con gente que conoce las necesidades. Trabajamos con la aldea, los líderes de las aldeas, las madres. Queremos que las personas vean por si mismas el progreso que estamos logrando y permitirlas a escuchar a los niños, lo cual nunca hacen. 
FO: ¿Cuál es la diferencia entre el placer que recibes de cambiar la vida de una generación y el placer de estar en el escenario en un gran evento, presentándote, y el público volviéndose loco? ¿Cuál es la diferencia entre ese tipo de alegría? 
AK: Son dos alegrías totalmente distintas. La alegría de ver esas niñas ser expresivas hoy, decirle la verdad al poder, a los líderes de las aldeas, diciéndoles, “Nadie va volver a tocarnos”. Nadie tiene el derecho de tocarme el seno, no”. Y son firmes. Digo, la alegría de eso es que por fin puedes alzar la voz sin peligro. Sin miedo. O sea, empoderar a la gente a esas medidas me hace más humilde. Ni sé, a veces pienso yo, “¿Dónde queda el hueco a que puedo ir y desaparecer y dejarlas en paz”. Pero no me dejan ir. Dicen, “Queremos que vengas a vernos, y así aprendemos de ti”. Pero yo aprendo más de esas niñas que jamás podría aprender de alguien más. La alegría de estar en el escenario es distinta. Es sembrar semillas por todo el mundo para la gente ver su capacidad, de lo que son capaces. ¿Cuántas veces después de un show la gente se me acerca y dice, “Angelique ¿cómo podemos ayudar?” Y digo, “¿Cómo puedes ayudar? Venga. Tus vecinos. Empieza a verlos. Puedes trabajar de voluntario ayudando con la tarea, hay tanto que puedes hacer en tu propio país. No pienses que Africa es solo el país donde se necesita ayuda. No necesitamos ayuda. Necesitamos colaboración. 
FO: ¿Te calentaste la voz hoy? 
AK: Sí. 
FO: ¿Qué cantas para ti misma para ponerte de buen humor? ¿Qué cantas que te hace pensar, “Ay eso fue mejor que Prozac”. 
AK: (Canta) 
(Risas) 
Ahí lo seguimos por días. 
FO: ¡Qué bueno que te calentaste! 
Cuando ves tus premios Grammys alineados, y están todos brillantes y extraordinarios, ni voy a decir cuántos, porque cada vez que lo hago, recibes más y luego esta charla acaba desactualizada, entonces con los muchos multiples premios Grammy que has ganado, cuando los ves, ¿Vas “¡Yujuu!“? 
(Risas) 
¿Se siente bien? 
AK: Se siente bien. Al mismo tiempo, como dije antes, es una responsabilidad. Digo, mi trabajo. La primera vez que fui nominada en los Grammy fue en 1993, 94. Y el primer Grammy que gané fue en 2007. Y dije a la gente, no tomes el Grammy por hecho. No se trata de cuantos seguidores tienes, se trata de lo que dices. Lo que estás aportando. Cómo estás afectando el mundo y cómo estás cambiando la industria de la música como está. Y para mí, esa responsabilidad siempre ha estado en el centro de todo lo que hago. Cuando me estoy preparando para escribir nuevas canciones, no pienso sobre los Grammys. Lo único que pienso es cómo esta canción ayudaría a la gente. ¿Cuál será su impacto? 
FO: Sé que haces planes. Sé que tienes ideas de lo que quieres hacer al seguir. Para muchos artistas, sería, sabes, ¿cómo quieres pasar tus años dorados? Pero tu familia tiene una longevidad extraordinaria. Así que aún te queda otra mitad de vida. 
(Risas) 
Vamos estar yendo al concierto de Angélique Kidjo a sus 100 años. Y aún vas a estar con “¡Dale!” 
AK: Sí, estaré corriendo por ahí. 
FO: Entonces se siente raro hablar sobre el legado. ¿Pero qué quieres que la gente que sigue tu trabajo, que admira tu trabajo, ve alegría en tu trabajo, ¿qué quieres que saque de ello? 
AK: Bueno, lo que quiero que la gente saque de mi trabajo es su propio valor, el valor de la gente. Hay demasiada gente que cree que vale nada. Y eso me duele. Y al dar a luz a un hijo, cuando un ser humano sale de tu cuerpo, todo cambia. Las prioridades, lo que importa, se aprende ir al centro de las cosas. 
Lo que quiero que la gente recuerde es que puede que te caigas por bajo de la Tierra. Pero siempre podrás levantarte. No importa lo difícil que sea. Levántate y vive tu vida. Tú sabes, así somos nosotros. 
FO: Te quiero. 
AK: Yo también. 
Desde que nos conocimos, fue una historia de amor. 
(Risas) 
