Hola. Voy a empezar preguntando algo muy sencillo que tal vez podáis contestar en poco más de dos segundos. ¿Conocéis a vuestra alma gemela? (Murmullo) Escucho que sí, que no... (Risas) Sí, son muy difíciles de encontar, ¿verdad? (Risas) Ahora, pensad en qué hizo que esa persona fuese vuestra alma gemela. ¿Su aspecto? ¿Su carrera? ¿El modo en el que conectaban con vuestra alma? ¿El hecho de que practicaban la misma religión? Hay un millón de razones diferentes por las que sentimos esa conexión profunda con una persona. Me crié en un ambiente cristiano y estaba empeñada en encontrar a mi alma gemela. Sabía que no la encontraría en un bar ni en una discoteca y que debía tener muy buen carácter, debía respetar a las mujeres, tenía que ser guapo, y amarme por lo que era, porque tengo un carácter singular. Seguí con mi vida, fui a una universidad de la Ivy League, jugué a fútbol, logré todo lo que pude y aproveché el momento, pero siempre persistían mis ganas de encontrar una sola cosa, a mi alma gemela. Yo tenía 24 o 25 años y a esas alturas, en la comunidad cristiana, es como si se te hubiese pasado el arroz. (Risas) Ahora tener 25 años no es ser mayor, pero en aquel momento yo sentía que sí. Una noche estaba navegando por internet y me gusta mucho el test de personalidad de Myers-Briggs, así que estaba buscando, quería encontrar a un hombre que fuese INFJ, a un hombre... (Risas) Así que busqué en Google: "hombre INFJ", ¿no?  (Risas) Hubo dos resultados y uno de ellos resultó ser mi futuro marido. (Risas) Me puse en contacto con él, nos vimos, yo hacía trabajo social en Pasadena, él era desarrollador de software y trabajaba para una nueva empresa en Pasadena pero vivía en Reno. Conectamos de una forma increíble, tuvimos un noviazgo relámpago y seis meses más tarde, para disgusto de nuestras familias, estábamos casados. (Risas) ¡Pero tenía sentido! Nuestras familias lo entendieron. Nos vieron juntos y lo comprendieron. "Estas dos personas son supercompatibles, se respetan mucho mutuamente y se hacen mejores personas el uno al otro". Él era como el yin de mi yang, era un desarrollador de software muy tranquilo, relajado, su ritmo era lento pero constante. Entonces, yo era una loca, inquieta y creativa. Todo salió como la seda, a la perfección. Siguió así durante... Me mudé a Reno, dejé la escuela de postgrado, empecé a trabajar en empresas nuevas, y a hacer cosas de empresas nuevas con mi nuevo marido. Cada noche, salíamos a restaurantes o a bares y simplemente hablábamos sobre ideas. Era como una charla TED tras otra. Disfrutábamos mucho de la mente del otro. Éramos literalmente almas gemelas. Eso continuó, hace nueve años que nos casamos, todo siguió igual durante un tiempo y nunca me había sentido tan en paz en mi vida. Sentía que tenía un hogar en el alma de otra persona y esa persona vivía conmigo, trabajábamos juntos, solíamos realizar proyectos juntos, soñábamos juntos, compramos una casa juntos, criamos a mis hijastros juntos. Parecía que había ganado la lotería, sentía que podía tachar de mi lista: "Enconté a mi alma gemela". Como podéis imaginar, un día... me enteré de algo que cambiaría mi vida, me enteré de que mi marido era transgénero. Ahora puede oírse hasta el zumbido de una mosca. (Risa) Mi respuesta fue interesante, lo primero que dije fue: "Esto tiene que ser una puta broma". (Risas) Lo segundo que dije fue: "Vale, cuéntame más,  ¿qué significa esto para nosotros? ¿Qué tienes que hacer para estar a gusto y sentirte bien con tu cuerpo?" Eso ocurrió hace más o menos tres años y seguimos casadas, y esto me llevó a un proceso de investigación sobre qué significa ser transgénero. Para mi mujer, significaba que no se sentía cómoda en su cuerpo de hombre y que necesitaba una transición médica. Respecto a mí, si estáis pensando: "¡Ostras!" Estáis mirando a vuestra pareja como diciendo... (Risas) "¿Vas a darme alguna sorpresa?" Ha sido un viaje interesante, me encantaría decir que siempre he sido políticamente correcta, abierta de mente y que le apoyé mucho en su transición. Ella me dejó elegir, me dijo: "Si esto va a provocar que nuestra relación termine, no lo haré". Sentí muchísimo respeto al ver cuánto respetaba nuestro matrimonio y a mí como persona. Yo la respetaba mucho, quería lo mejor para ella, que se sintiera plena, pero al mismo tiempo, no podía expresarlo con palabras pero sentía como si alguien estuviera muriendo. Fue como si la persona que yo conocía estuviese desapareciendo y alguien nuevo llegase. A veces tengo grandes dificultades, pero es tan solo la progresión natural de lo que se siente si tu pareja hace la transición. También hay otra cosa que estuvo presente en el 60 % de mis reacciones, es lo que se conoce como transfobia interiorizada. Yo ni siquiera sabía que la tenía. Es muy... Alexis me habló sobre programación, sobre que se programa a hombres y jóvenes para que piensen en mujeres y en sexo, y creo que, como sociedad, nos han programado para creer que cualquiera que no encaje en el modelo binario, que no sea ni hombre ni mujer o que haya nacido con un sexo con el que no se identifica es alguien diferente o raro. Como podéis imaginar, yo conocía a esa persona por dentro y por fuera, llevábamos casados seis años en ese momento y yo adoraba cada fibra de su ser. Precisamente yo entendí y me di cuenta de que ella era una persona normal con un problema muy grave que tenía solución. Pero fue difícil porque a mí aún me daba vergüenza que ahora éramos diferentes. ¿Verdad? Tuve que pasar por un proceso, han pasado tres años pero hemos tenido que esforzarnos mucho en cosas como, ¿qué significa estar casada con alguien que es transgénero? ¿Qué significa respecto a mi sexualidad? ¿Quiere decir que ahora soy lesbiana? Porque cuando salimos, claro, la gente nos ve y piensa que somos una pareja de lesbianas. Eso no es exactamente cierto. ¿Qué significa? Vamos al gimnasio y entramos juntas en el vestuario y nadamos juntas, y todo esto nos lleva a relacionarnos con personas que no sabemos si comprenderían la situación. Para mí, fue difícil dejar de tener todos esos privilegios de mujer blanca, de clase media, que se siente bien siendo mujer, que está casada con un hombre, en una relación heterosexual, y tenía muchos privilegios sin siquiera darme cuenta. Durante este viaje, aprendemos cosas nuevas cada día, yo estoy aprendiendo qué palabras decir y cuáles no decir, qué funciona en la cama y qué no funciona. Estoy volviendo a aprender muchas cosas pero, sobre todo, he aprendido que gran parte del miedo que tenía a que mi pareja cambiase estaba impuesto desde fuera, en realidad era miedo al qué dirán. Hoy, estoy aquí. Soy la orgullosa esposa de una mujer transgénero que sigue siendo mi alma gemela. Sabría que es mi alma gemela incluso en una habitación a oscuras, yo la encontraría. Creo que la lección que se puede sacar de todo esto es que la gente tiene una capa exterior, un modo de presentarse ante el mundo, un aspecto o un empleo, o muchas cosas que están enfocadas hacia fuera, con las que todos les identifican y que les etiquetan, así clasificamos a las personas al conocerlas. Pero debajo de todo eso hay un alma, y esa alma es mucho más profunda, fuerte y mucho más reconocible que una capa exterior. Así que el reto que os propongo hoy es: ¿Sabríais reconocer a vuestra alma gemela? Si saliéseis ahí fuera ahora mismo, ¿sabríais qué estáis buscando? Muchas gracias, ha sido un placer. (Aplausos) 
