En 2009, cinco kenianos llevaron una petición al despacho del Primer Ministro británico. Afirmaban haber sufrido abusos de los derechos humanos durante la década de 1950, cuando Kenia era una colonia británica, y reclamaban indemnización. Conservaban relatos verídicos y  marcas físicas de aquellas experiencias. Pero sus testimonios fueron invalidados. No tenían pruebas documentales de que Gran Bretaña autorizase la tortura del pueblo Keniano. Al menos, no hasta ese momento. Miles de archivos secretos estaban  a la espera de ver la luz. 
En 2010, un historiador se sumó al juicio  como testigo experto y confirmó haber visto alusiones a ciertos documentos extraviados. Decían que Kenia exigió repetidamente la devolución de documentos robados, a lo que el gobierno Británico se había negado. De hecho, muchos historiadores sospechaban que había espacios vacíos en los archivos. Por ello, el tribunal  ordenó la publicación de cualquier documento relevante. Y, poco después, los oficiales británicos admitieron que 1.500 documentos relevantes estaban guardados en un archivo de alta seguridad. Pronto se hizo evidente que éstos eran una pequeña muestra de los documentos que Gran Bretaña ocultó entre los años 50 y 70, cuando las antiguas colonias declararon su independencia, como parte de una política colonial  británica generalizada llamada “Operación Legado”. 
Los funcionarios de la colonia británica tenían por norma destruir o eliminar cualquier documento que  pudiera incriminar a Gran Bretaña y tener valor estratégico  para los nuevos gobiernos. Se les ordenó destruir, modificar o transportar en secreto estos documentos al Reino Unido. Aquellos documentos destinados a su eliminación, debían ser reducidos a cenizas o arrojados al mar en cajas pesadas lejos de la costa. 
Durante el juicio, entre 2010 y 2013, un historiador independiente reveló que habían localizado más de 20.000 archivos de  la “Operación Legado” antes ocultos procedentes de las 37 antiguas colonias. Finalmente, se calcula que 1,2 millones de archivos coloniales, que ocupaban kilómetros en las denominadas “Colecciones Especiales” del archivo, salieron también a la luz. Y estos eran solo los  que guardaba el ejército británico. Sigue sin saberse cuántos se destruyeron  y qué información contenían. 
Unos 3.5 toneladas de documentos coloniales 
se destinaron a su incineración en Kenia. En definitiva, la “Operación Legado” tenía como objetivo oscurecer aspectos cruciales de la verdad. El fiscal general británico en Kenia dijo: “Si vamos a pecar, hagámoslo en silencio ”. 
Así pues, ¿qué sucedió realmente en Kenia? Desde 1895, la administración británica expulsó por la fuerza a la gente de sus territorios tradicionales. otorgando las zonas más fértiles a los colonos europeos para establecer granjas a gran escala. Autorizaron sistemas de trabajo forzado, Implantaron reservas para los pueblos  indígenas africanos y restringieron sus movimientos. 
El pueblo keniano se opuso a estas ofensivas desde el principio y esta resistencia se hizo más organizada con el tiempo. Un movimiento, el Ejército  de la Tierra y la Libertad de Kenia, pretendía echar a los colonos blancos por la fuerza y derrocar al gobierno colonial. Cuando los británicos declararon el estado de emergencia en 1952 se estaban dando permiso a sí mismos para tomar medidas, de otro modo ilegales, para recuperar el control. 
Los documentos recién revelados de la “Operación Legado” confirmaban que los sospechosos  de haber participado en la resistencia fueron sometidos a maltratos horribles. Entre 1952 y 1959 los británicos encarcelaron a más de 80.000 personas sin juicio previo, condenaron a muerte por terrorismo a más de 1.000, e impusieron tácticas extremas de vigilancia e interrogatorio. 
Algunas personas fueron golpeadas hasta morir. Otras fueron violadas o castradas. Muchos tuvieron las manos esposadas durante años. Asesinaron a niños. Una persona fue quemada viva. Ndiku Mutwiwa Mutua declaró haber sido  castrado mientras estaba esposado y con los ojos vendados. Wambugu Wa Nyingi dijo que le colgaron  boca abajo, le golpearon y le arrojaron agua a la cara hasta que apenas podía respirar. Jane Muthoni Mara dijo que fue violada sexualmente con una botella caliente, y encarcelada durante años sin motivo. 
En respuesta a las nuevas pruebas, el gobierno británico emitió una disculpa formal y llegó a un acuerdo económico extrajudicial con los 5.228 demandantes kenianos finalmente implicados en el caso. Los cinco demandantes originales hicieron historia y allanaron el camino para que se reescribiera correctamente. Los archivos descubiertos cuestionan mitos básicos del colonialismo británico como una institución benévola que trajo  libertad y democracia a sus súbditos, y que gentilmente les concedió  la independencia después. 
En cambio, las pruebas recién expuestas confirman lo que muchos ya sabían, 
porque lo vivieron y sobrevivieron para rescatar la historia de entre las cenizas. 
