Miles de termitas cabeza de cono  revolotean en los aires panameños. Estas cuatro prometedoras jóvenes son valientes... Oh. Supongo que ahora son tres. Oh, aguarden, dos, una. ¡Bueno! Esta determinada termita enfrenta innumerables amenazas para llevar a cabo el único vuelo de su vida. Evade los ataques de los depredadores incluso mientras aterriza, deja sus alas, segrega feromonas y atrae una pareja. 
La pareja escapa de la zona peligrosa hacia los restos de un árbol podrido. Es la primera casa perfecta, pero no están solos. A diferencia de otras especies, las colonias de termitas cabeza de cono pueden tener múltiples reyes. A la pareja se suman muchas otras termitas listas para reproducirse. Juntas excavan la cavidad en el tronco, aseguran la entrada y manos a la obra. 
Cuando las nuevas crías eclosionan, se parecen muy poco a sus progenitores: son más pequeñas, sin alas, sin ojos y estériles. Las termitas soldado tienen una notable marca en la cabeza cuya función se revelará pronto. Salen en busca de madera muerta, y dejan un camino de feromonas que el resto de las crías, las obreras, siguen y refuerzan mientras consiguen comida. Mientras las termitas recolectan y descomponen los restos de las plantas, devuelven nutrientes esenciales al suelo, lo que permite que más vegetación crezca. 
Poco a poco, las obreras expanden la cámara central de la colonia mientras cuidan y alimentan  a los reyes y a los más pequeños. Las termitas más jóvenes aún no pueden comer madera por sí solas. Por eso, las obreras la procesan y se la dan mediante su saliva, básicamente regurgitándola en sus bocas. 
Con las obreras a cargo de la comida, la construcción y los pequeños, los reyes se encomiendan completamente  a la reproducción. Los reyes proveen esperma  según las necesidades y las reinas experimentan una transformación radical. Su abdomen se convierte  en una maquina eficiente de poner huevos y se expande drásticamente. Cada reina es capaz de producir cientos de huevos por día. Mientras tanto, un grupo de obreras los recoge y apila cuidadosamente. 
La colonia crece rápidamente. Y cuando es lo suficientemente grande, las obreras construyen un sistema de  túneles de más de 100 metros en la tierra, sobre los troncos caídos y hasta la copa de los árboles. Estos túneles las protegen mientras van de un lugar a otro todo el tiempo. Y, finalmente, construyen un nido central distinto. Utilizando material vegetal parcialmente digerido, tierra y excrementos construyen una estructura masiva en forma de huevo, llena de numerosos pasadizos, habitaciones y orificios de ventilación. En lo profundo, establecen una celda real fortificada con gruesas paredes extra. 
Sin demora, la maravilla arquitectónica atrae a un admirador: un oso hormiguero. Se acerca al nido y mete su larga lengua. Aquellos atrapados por las espinas de la lengua y la pegajosa saliva son conducidos a su muerte. Pero las termitas soldado contraatacan. Son pequeñas y ciegas pero su cabeza actúa como una pistola de agua. Ubican al oso hormiguero usando señales químicas. Tensan sus poderosos músculos y disparan un líquido pegajoso de su cabeza. Después de un minuto, el predador deja de comer, se deshace de la sustancia y se marcha. El nido sufrió algo de daño, pero los reyes se mantienen a salvo, poniendo huevos en su reforzada fortaleza. 
A medida que la colonia madura, algunos jóvenes se vuelven fértiles. Muchos se marchan para establecer nuevas colonias. Algunos aterrizan en árboles caídos; otros entran a una casa por una grieta. Y otros se meten en cajas de envío. Pero algunos simplemente van hacía un lugar cercano y se convierten en los reyes de los nidos satélites de la colonia. 
Son insectos con una de las expectativas de vida más larga y el reinado de una termita puede durar más de 20 años. Los reyes y reinas originales mueren pero, para ese momento, muchos otros nidos satélites ya están prosperando. Sus descendientes heredan el trono, por lo que la colonia podrá perdurar  por las siguientes décadas. 
