Es un honor increíble estar aquí. Además, he conocido muchas personas  maravillosas esta semana. 
Y algo en lo que he estado pensando es cómo, al terminar la semana, la mayoría de nosotros va a empacar sus maletas y regresará a casa. 
Regresar a casa es un lujo que  no está al alcance de todos. Creo que lo más importante para muchos  ahora mismo es la situación en Ucrania. Más de 4 millones de personas  forzadas a huir no solo de su país, sino de sus hogares, en seis semanas. Ese es solo uno de los principales eventos de migración humana que están ocurriendo. Puede que no esté en los titulares, pero las personas siguen huyendo de Siria. Afganistán, Eritrea, y la lista continúa. 
Las personas son obligadas a huir de sus hogares por un número de razones. La guerra, sí, claro,  pero también la violencia de género, la persecución políticamente sancionada, y aún más, el cambio climático, que según estimaciones, podría desplazar a 150 millones de personas en el futuro. 
Por lo tanto, si la migración humana  está aumentando y es inevitable, como comunidad global,  ¿qué estamos haciendo para afrontarla? Por lo general, las personas que buscan seguridad en un país que no es el suyo, se ven obligadas a languidecer en situaciones peligrosas por décadas, intentando navegar en la asfixiante burocracia utilizada por varios países para decidir quién puede ser representado y dónde. Las Naciones Unidas están involucradas, y cada país tiene leyes y restricciones  de inmigración propias. Se requiere múltiples entrevistas y arduas solicitudes de documentación, sin mencionar la dificultad de pastorear a toda tu familia a través de este proceso, cuando has sido separado, traumatizado y tienes pocos recursos a tu disposición. 
Pero he aquí la buena noticia. No tiene por qué ser así. Porque lo mismo que está frenando a las personas, puede usarse para ayudarlas a avanzar hacia un refugio seguro: el estado de derecho. La clave es poner la sabiduría jurídica en manos de quienes más lo necesitan, darles la oportunidad de usar el derecho y así abrir caminos hacia la seguridad para ellos y sus familias. Aunque hay una industria construida en torno a la ayuda humanitaria y a la respuesta a diversas crisis, esa ayuda normalmente no incluye servicios jurídicos. Algunas personas contratan  a un contrabandista para cruzar el mar o un desierto porque ni siquiera saben que tienen derecho a una vía legal. Puede que otros lo sepan pero tal vez no saben cómo realizar las entrevistas y el papeleo. Esa es la razón por la que tantas personas se estancan en campamentos por décadas. Están en un limbo jurídico. 
En este escenario, el acceso a información  y servicios legales es tan crucial como el acceso a los  alimentos, la ropa y la vivienda. Ahí es donde nosotros, como parte del Proyecto Internacional de Asistencia para Refugiados, o IRAP, entramos. Por un lado, IRAP utiliza la tecnología a través de una plataforma digital para hacer que estas leyes y procesos sean más accesibles. Damos a los refugiados acceso a información oportuna, precisa y culturalmente relevante sobre sus  derechos legales y posibilidades. Además, IRAP presta servicios jurídicos directos tanto en persona como a distancia en colaboración con una red capacitada de organizaciones destacadas al servicio de los refugiados, abogados pro bono y otros defensores jurídicos de confianza. Y finalmente, al caminar  junto a nuestros clientes por cada paso en estos procesos, podemos identificar problemas sistémicos que podemos abordar a través de la ley y en última instante, cambiar para mejor. Son estos casos individuales que iluminan las oportunidades para una reforma sistémica más amplia. 
Permítanme darles un caso de ejemplo para que puedan ver lo que quiero decir. Aaron y Miriam. No son sus nombres reales. Tuvimos que cambiarlos por seguridad, y verán por qué en un segundo. Aaron y Miriam son hermanos. Fueron separados de su madre cuando  se vieron obligados a huir de su casa en Eritrea  cuando eran niños. Los niños terminaron en un campo  de refugiados en Sudán, y su madre resultó en Alemania. En el actual sistema disfuncional de reasentamiento de refugiados, este tipo de separación familiar  ocurre todo el tiempo. Y normalmente lo que sucede es que los niños pasan décadas atrapados en el campamento o sus madres son forzadas a contratar  a un contrabandista para llevarlos en un peligroso viaje a través del Mediterráneo solo para poder estar con ellos de nuevo. Ambas son opciones terribles. Pero por fortuna para Aaron y Miriam, parte del personal en el campamento ha sido entrenado por el IRAP para identificar los casos elegibles  para la reunificación familiar, el cual es un tipo de vía  de reasentamiento. Así que presentamos la solicitud a Alemania. Todo iba bien. Hasta que el gobierno alemán denegó la solicitud porque Aaron y Miriam  no tenían pasaportes, que no podían obtener porque el gobierno de Eritrea los  consideraba traidores por huir. Así que acercarse a la embajada para obtener pasaportes habría puesto sus vidas en  un peligro incluso mayor. El IRAP señaló esto como una barrera injusta y sistémica, luchó contra el caso en los tribunales  alemanes en nombre de la familia y ganó. 
(Aplausos) 
Y estoy tan feliz de decirles que Aaron y Miriam se reunieron con su madre en Alemania en junio de 2021. 
(Aplausos) 
Esta es una historia alegre de reunificación familiar que la abogacía jurídica hizo posible. Pero hay algo más en juego aquí que realmente quiero que vean. Y tiene que ver con una de mis  palabras favoritas en inglés: precedente. Sí, soy una auténtica nerd. Precedente, esta es mi palabra favorita. Al llevar el caso a los tribunales, IRAP comenzó a establecer un precedente para aliviar el requisito del pasaporte, no solo para Aaron y Miriam, sino para otros miles de niños refugiados en situaciones similares. Cuando los proveedores de servicios jurídicos acompañan a nuestros clientes en cada paso de estos procesos de inmigración, podemos identificar los obstáculos que le impiden a las personas alcanzar la seguridad. Hazlo con la suficiente frecuencia, y empezarás a ver patrones en los obstáculos. Y cuando encontramos un patrón, podemos abogar por cambiar la ley subyacente que está creando el obstáculo en primer lugar. Son los patrones los que nos permiten abrir caminos hacia el reasentamiento a escala. 
Todo esto se puso a prueba en Afganistán. Durante los últimos 20 años, miles de afganos han trabajado en labores esenciales y que salvan vidas en nombre del gobierno estadounidense. Han sido intérpretes, camioneros e informáticos. Y debido a su afiliación a EE. UU., los talibanes han pasado  esos mismos 20 años tratando de localizarlos y matarlos. Así que en 2009, el Congreso, en respuesta a esta amenaza muy real, creó un programa especial de visados para los aliados afganos de EE. UU. El propósito del visado era proporcionar a aquellos cuyas vidas estaban en peligro inminente, un rápido reasentamiento en EE. UU. Pero en IRAP, sabíamos que este programa estaba roto. Lo sabíamos porque estábamos ayudando a más de 1000 afganos a navegar por este proceso de visado, y empezamos a ver un patrón. Se tardaba una media de más de cuatro años para que el gobierno estadounidense emitiera estos visados “urgentes”. Por lo que nuestros aliados y sus familias se arriesgaban a ser asesinados  por los talibanes porque EE. UU. no podían sellar sus pasaportes lo suficientemente rápido. Así que en respuesta, juntamos nuestros conocimientos de estos casos, presentamos una demanda colectiva, y en 2020, ganamos. 
(Aplausos) 
Un tribunal ordenó  al gobierno estadounidense 
procesar estas solicitudes atrasadas de forma oportuna, tratando los casos de nuestros clientes con la urgencia que la situación requería. 
Ahora, como todos Uds. saben, la retirada de EE. UU. de  Afganistán creó un nuevo nivel de caos. Pero nuestro modelo nos ha permitido continuar utilizando la tecnología para brindar información vital de carácter legal a nuestros aliados que aún no han podido huir. Seguimos en los tribunales y en los pasillos del Congreso exigiendo su urgente evacuación y protección. Vamos a seguir buscando obstáculos para derribar y usaremos la ley para empoderar  a los refugiados, como siempre hemos hecho, porque esa es la mejor manera de llevar  a estas personas a una seguridad duradera. 
(Aplausos) 
Lo último que diré es lo siguiente. Cuando estamos ante la realidad de que el desplazamiento humano es inevitable, los países tienen dos opciones. Pueden construir muros y prisiones y separar a los niños de sus padres, o pueden crear sistemas jurídicos justos y transparentes que faciliten una migración y un reasentamiento organizados y seguros. Los sistemas jurídicos funcionales  basados en los derechos ayudan a todos. Pero desafortunadamente, hay quienes encuentran más ventajoso demonizar a los migrantes y politizar las crisis de los refugiados que hacer planes serios para abordar la migración global de forma segura, ordenada y digna. A través de este trabajo, he conocido a varias personas que encarnan los rasgos que alabamos en los empresarios y líderes de opinión. Se necesita tenacidad,  creatividad y valentía para que tú y tu familia  vayan a otro país para empezar tu vida de nuevo. En mi opinión, los países deberían competir por los refugiados. Pero, como mínimo, todo el mundo debería tener un lugar seguro al que llamar hogar y una forma segura de llegar a él. Les deseo a todos un buen viaje a casa. Gracias. 
(Aplausos) 
