Imagina esto. Tienes la oportunidad de  tener una casa hermosa en un barrio histórico con raíces culturales profundas diseñado por los mejores  urbanistas del mundo en una ciudad costera encantadora. Quisieras vivir allí ¿verdad? Pero que pasaría si te dijera  que esta casa está en una parte de Baltimore llamada “La Mariposa Negra” en donde hay cuadras y cuadras de casas históricas hermosas que permanecen vacantes y tienen una valor negativo, es decir, que el costo de reparación de cada casa es mayor al valor de mercado de dicha casa. El mercado debe estar roto ¿cierto? ¿Qué está sucediendo? 
He estudiado la manera en la que funciona (o no funciona) el mercado inmobiliario durante los últimos diez años. Empecé mi carrera en financiación  de inversiones en Wall Street pero cuando mi ciudad en las afueras de Nueva York comenzó a ser gentrificada me vi empujada a convertirme en  activista por los derechos de vivienda. Aprendí sobre las políticas racistas  establecidas por los gobiernos como la negación de préstamos a personas de ciertos barrios o la renovación urbana que destruyeron a las comunidades negras que solían ser prósperas en todo el país. Impidieron que los ciudadanos negros creen riqueza comprando propiedades. 
Estas comunidades normalmente  siguen dos trayectorias. La primera es una espiral descendente en donde la desinversión  política y financiera causa un excedente de casas  vacantes y decadencia que obliga a las personas  a abandonar el barrio. Los grandes bancos ven este éxodo como una confirmación de que estos barrios son riesgosos e irredimibles. Y así, por la falta de inversión,  el ciclo continúa. La segunda trayectoria es la gentrificación. Los desarrolladores se aprovechan de estas dificultades. Compran casas devaluadas, invierten dinero en ellas sin considerar lo que los residentes quieren o necesitan, y las alquilan a un valor mucho más alto, causando desplazamientos de población. 
Por eso me pregunté: ¿Podemos desarrollar sin desplazar? ¿Hay otra manera de hacerlo? 
Renuncié a mi trabajo en Wall Street y me mudé a Baltimore con una sola valija, la ciudad en donde surgió el “redlining”, negación de préstamos según el barrio. 
Mi primera inclinación fue encontrarme con inversores para financiar mi plan. Literalmente se rieron hasta que me fui. Dijeron que mi idea era imposible. Dijeron que construiríamos casas que permanecerían vacantes por la baja demanda Pero en mi corazón sabía  que no era cierto. Inesperadamente, ese momento en el que los inversores me rechazaron, fue el más importante de mi recorrido porque me di cuenta que no necesitamos grandes instituciones para que confirmen el valor de nuestras comunidades. Nosotros podemos confirmar nuestro valor a través del capital social. 
Así comencé mi organización  sin fines de lucro, Parity. Parity crea demanda para las oportunidades de convertirse en propietario en los barrios que tienen exceso  de casas vacantes mediante el uso de los círculos sociales que ya existen. Lo que empezó como una idea creció hasta un movimiento colectivo de 8, luego de 19, y actualmente de 44 futuros propietarios. Todo mediante el boca a boca. Y tenemos una lista de espera 
(Aplausos) 
Gracias. 
Gracias. 
Actualmente tenemos una lista de espera de más de 100 personas esperando a unirse a nuestra comunidad. Como Yolanda, que está lista para comprar una casa y dejar un legado a sus hijas. O Jenee, una baltimoriana de cuarta generación, cuyo padre recuerda vivamente el recuerdo de la demolición  de las casas de los negros para hacer una ruta que no lleva a ninguna parte. Ako, cuya familia dejó Baltimore Oeste  cuando él era solo un bebé, pero que ahora está listo para volver a sus orígenes  y ser parte de la revitalización. Y Modinat, que como yo, vino a Baltimore desde Nueva York para construir su futuro. 
Hay tres razones por las que  nuestro trabajo transforma. La primera es que lideramos la compra y renovación de docenas de casas que permanecieron abandonadas por décadas y las revendemos a precios realmente accesibles. 
La segunda es que no solo apoyamos a nuestros compradores para que obtengan un buen crédito y sean aprobados para la financiación de sus hipotecas. Sino que también creamos la oportunidad de que las personas creen vínculos con sus futuros vecinos. 
Y la tercera es que evitamos que los residentes originales sean desplazados. Nos aseguramos de que tengan los recursos que necesitan para quedarse en sus casas y que puedan transferir su riqueza a la próxima generación. Estamos curando el tejido social del barrio mientras reconstruimos el ambiente de la construcción. 
Contrario a la narrativa dominante, existe una demanda de viviendas en los barrios históricamente negros, devastados por las políticas racistas. Descubrimos un apetito escondido en los  puntos ciegos del mercado tradicional. ¿Recuerdan los inversores  que se rieron de mí? Bueno, tenemos más demanda, en solo dos años, tenemos más demanda que casas. Hemos vendido todo. 
Así que ¿podemos desarrollar sin desplazar? Absolutamente sí. 
Gracias. 
(Aplausos) 
