En junio de 2022, un trabajador de una mina de oro del Yukón canadiense hizo un descubrimiento extraordinario. Trabajando en las tierras tradicionales de la Primera Nación Tr’ondëk Hwëch’in, descubrió los restos congelados, excepcionalmente bien conservados, de una cría de mamut lanudo que había muerto hace 30 000 años. Pero este hallazgo no es el único de este tipo, porque el Ártico oculta muchos secretos... 
Alrededor del 15 % del hemisferio norte contiene permafrost, es decir, terreno que no se descongela estacionalmente, sino que se ha mantenido congelado durante al menos dos años y, normalmente, durante mucho más tiempo. El permafrost más antiguo descubierto hasta ahora se encuentra en el Yukón y lleva congelado 740 000 años. El grosor del permafrost también varía, desde apenas un metro en algunas áreas, hasta más de un kilómetro en otras. 
Y el permafrost es excepcionalmente bueno para conservar los restos biológicos. Si hay cristales de hielo próximos a los restos enterrados en el permafrost, contribuyen a retirar la humedad. Y los microorganismos que, de otro modo, descompondrían rápidamente los tejidos vegetales y animales funcionan a tasas metabólicas más lentas a estas temperaturas bajo cero. El resultado es que, en lugar de depender de esqueletos fosilizados para extrapolar el aspecto que podría haber tenido un animal antiguo, el permafrost a veces puede ofrecer a los científicos instantáneas literales de tiempos pasados. 
En 2016, otro minero encontró a un cachorro de lobo gris de siete semanas de edad que se había conservado en el permafrost durante 57 000 años. Los investigadores descubrieron que se alimentaba a base de salmón y creen que murió rápidamente, posiblemente al derrumbarse la madriguera en la que se encontraba. En 2020, unos pastores de renos encontraron restos pertenecientes inequívocamente a un oso. Pero resultó que tenían nada menos que 39 500 años. Pertenecían a un oso de las cavernas. Su especie se extinguió hace unos 24 000 años. Hasta entonces, los científicos solo habían visto restos óseos de osos de las cavernas. 
Incluso los restos incompletos de animales hallados en el permafrost han arrojado resultados increíbles. En 2021, los investigadores identificaron una nueva especie de mamut reconstruyendo las secuencias de ADN de dientes de mamut de hace 1,6 millones de años, lo que la convierte en la secuencia de ADN más antigua registrada. Estos hallazgos extraordinarios van más allá del reino animal. En 2012, unos científicos lograron regenerar una planta de la tundra con flores a partir de las semillas que encontraron dentro de unas madrigueras de ardillas de 32 000 años de antigüedad. 
Sin embargo, los restos prehistóricos que aún no hemos hallado en el permafrost están en riesgo, al igual que muchas otras cosas, porque el permafrost se está derritiendo rápidamente. El cambio climático está calentando el Ártico a un ritmo entre 3 y 4 veces superior al del resto del mundo. Y un aumento de la frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, como los rayos y los incendios forestales, está quemando las plantas y el suelo que, de otro modo, ayudarían a mantener fresco el permafrost. 
Cuando el permafrost se derrite, tiene efectos preocupantes y de gran alcance. El terreno puede fracturarse y derrumbarse sobre sí mismo, y el paisaje puede sufrir inundaciones y erosión, provocando la inclinación de árboles antes estables y formando los “bosques borrachos”. También puede provocar deslizamientos de tierra masivos y amenazar infraestructuras esenciales. Para el año 2050, el deshielo del permafrost podría poner en peligro a 3,6 millones de personas. Esto incluye a muchos pueblos indígenas y de las Primeras Naciones que han vivido en la región ártica desde tiempos inmemoriales. En estos momentos, se enfrentan a decisiones difíciles sobre cómo proteger sus comunidades y sus modos de vida tradicionales de cara al cambio climático. 
Además, los efectos del deshielo se extenderán mucho más allá del Ártico. Se calcula que el permafrost almacena casi 1,6 billones de toneladas de carbono. Eso es más del doble de la cantidad que habrá en la atmósfera en 2022, y más de lo que el ser humano ha emitido jamás al quemar combustibles fósiles. El permafrost es mundialmente  una de las mayores reservas de carbono debido a toda la materia orgánica que contiene: algunos restos están intactos, pero muchos se hallan en forma de suelos y sedimentos parcialmente descompuestos. Cuando empieza a derretirse, los microorganismos descomponen la materia orgánica con mayor eficacia y liberan gases como el dióxido de carbono y el metano. Esto desencadena un bucle de retroalimentación. A medida que se liberan más gases, el clima se calienta, lo que provoca un mayor deshielo del permafrost y libera aún más gases de efecto invernadero. 
Para conservar las instantáneas de cómo era el planeta hace miles de años, cuando los mamuts y los osos de las cavernas recorrían sus tierras, y para sustentar la biodiversidad de la Tierra durante los próximos miles de años, el Ártico necesita mantener la frescura. 
