Los cadáveres animados aparecen en relatos del mundo entero a lo largo de la historia. Pero los zombis tienen un linaje distinto: uno que se remonta a África ecuatorial y central. La primera pista es la propia palabra “zombi”. Su origen etimológico exacto se desconoce, pero hay varias propuestas. El pueblo mitsogo de Gabón, por ejemplo, llama “ndzumbi” al cadáver. La palabra kikongo “nzambi” se refiere a un ser supremo, un ancestro con habilidades sobrehumanas, o a otra deidad. Y, en ciertas lenguas habladas en Angola y el Congo, “zumbi” se refiere a un objeto habitado por un espíritu, o alguien que ha regresado de la muerte. También hay similitudes en ciertas creencias culturales. Por ejemplo, en la tradición kongo, se cree que una vez que alguien muere, su espíritu puede ser alojado en un objeto físico que puede traer protección y buena suerte. En varias partes de África se mantienen creencias similares sobre el destino de las almas después de la muerte. 
Entre 1517 y 1804, Francia y España esclavizaron a cientos de miles de africanos y se los llevaron a la isla caribeña que ahora es Haití y República Dominicana. Allí, las creencias religiosas de los africanos esclavizados se mezclaron con las tradiciones católicas de las autoridades coloniales y se desarrolló una religión conocida como “vudú”. 
Según algunas creencias vudú, un alma puede ser capturada y almacenada, y se convierte en un “zombi” sin cuerpo. Por otro lado, si un cuerpo no se atiende como es debido poco después de la muerte, un hechicero llamado “bokor” puede capturar un cadáver y convertirlo en un zombi sin alma que cumplirá sus órdenes. La historia dice que estos zombis eran puestos a trabajar sin necesidad de comida ni descanso y que enriquecían la fortuna de su captor. Así pues, la zombificación parecía representar los horrores de la esclavitud que muchos haitianos experimentaron. Era el peor destino posible: una forma de esclavitud de la que ni siquiera la muerte podía liberarte. El zombi no podía ir al más allá y quedó atrapado en un cautiverio eterno. Debido a esto, en la cultura haitiana, los zombis son vistos como víctimas que merecen compasión y atención. 
El zombi sufrió una transformación después de la ocupación estadounidense de Haití en 1915, esta vez, a través de la mirada de la cultura pop occidental. Durante la ocupación, los estadounidenses propagaron muchas creencias racistas sobre los negros haitianos. Entre falsos relatos de adoración al diablo y sacrificios humanos, las historias de zombis cautivaron la imaginación estadounidense. Y en 1932, los zombis debutaron en la gran pantalla en una película llamada <i>“White Zombie”.</i> Ambientada en Haití, el protagonista debe rescatar a su prometida de un malvado maestro vudú que dirige una azucarera con mano de obra zombi. Cabe destacar que el foco de simpatía no es la mano de obra esclavizada, sino la mujer blanca victimizada. 
En las décadas siguientes, 
los zombis aparecieron  en muchas películas de EE. UU., a menudo con referencias vagas a la cultura haitiana, aunque algunos se desviaron para involucrar alienígenas y nazis. En 1968 llegó la muy influyente película “La noche de los muertos vivientes”, en la que un grupo de desconocidos intenta sobrevivir a un ataque de monstruos  devoradores de carne que se mueven lentamente. El director comentó que nunca imaginó a sus muertos vivientes como zombis. Más bien, fue el público el que los reconoció como tales. Desde entonces, los zombis se asocian a un deseo insaciable de carne y el gusto por los cerebros en “El regreso de los muertos vivientes”, de 1985. En estas y muchas películas posteriores, ningún hechicero controla a los zombis; ellos son los monstruos. Y en muchas interpretaciones, impulsadas por “Exterminio” del 2002, la zombificación se convirtió en un fenómeno contagioso. 
Ya hace décadas que los artistas de todo el mundo han utilizado a los zombis para destacar los males sociales y las angustias de la época: de la cultura del consumo hasta la falta de preparación para las catástrofes. Lo cierto es que la cultura pop de EE. UU. también eliminó el origen de los zombis, canibalizó su significado original y transformó a la víctima en el monstruo. 
