Mi tío salió de la cárcel cuando yo tenía 15 años, pero a los pocos meses volvió a prisión. Toda la experiencia me llevó a conocer de cerca el sistema de justicia penal. Empecé a hablar con expertos, abogados y hasta con las personas que manejan el sistema penitenciario de EE. UU. Lo que más me impresionó de esas conversaciones fue un punto en el que todos concordaban. Todos, los de derecha e izquierda, los abogados, los representantes, coincidían en que el cambio era lento por culpa de datos deficientes. Datos dispersos, obsoletos, incompletos. Datos que hacían muy difícil saber qué estaba funcionando. Datos tan deficientes que quienes habían hecho  todo lo que debían hacer para ser liberados de la cárcel seguían atascados en el sistema. 
En definitiva, los datos deficientes  llevan a que miles de personas estén encarceladas y en libertad provisional o condicional cuando no deberían seguir allí. 
Personas como Kate. En 2018, Kate fue condenada  a cuatro años de libertad condicional por un delito de estupefacientes. En la sentencia, el juez dijo que si tenía buena conducta, la condena se podría reducir a la mitad. Hoy Kate no consume, trabaja, tiene vivienda estable e hijos a quienes les va muy bien. Hizo todo lo que el juez le dijo, pero sigue en libertad condicional. Allison es agente de libertad condicional, lleva seis años trabajando en Idaho y hace muy bien su tarea. Pero su trabajo es casi imposible. Tiene 90 personas a su cargo, y cada una debe hacer 21 cosas para obtener la libertad. Esas 21 cosas se alojan en cinco bases de datos distintas. Créditos ganados en un lugar, análisis de drogas en otro, multas y sanciones en otro. La señal telefónica suele ser mala en las oficinas de estos agentes, así que para poder entrar a cada sistema, la agente tenía que salir al estacionamiento. Y debía hacerlo manualmente, todos los días, con las 90 personas, solo para saber quién había hecho todo lo que debía hacer para obtener la libertad. 
Podemos ver por qué mucha gente queda rezagada. Y son cientos de miles de personas. A nadie le agrada esto. Llevo tres años trabajando con quienes manejan  los sistemas penitenciarios estatales. Y les aseguro que a nadie le agrada que haya gente atrapada en el sistema porque las bases de datos no se cruzan. 
Llegamos a esto porque tenemos un sistema fragmentado que creció muy rápido. A partir de los años 70 hubo un aumento acelerado en todos los niveles  del sistema judicial de EE. UU. Las prisiones estatales, las prisiones de condado, los departamentos de policía municipales, todos tenían sus propias bases de datos que no se cruzaban entre sí. Si avanzamos al día de hoy, ambas partes han intentado detener ese crecimiento, con la aprobación de leyes sensatas para que quienes van bien  puedan ganarse la libertad. Pero los datos que necesitaría alguien  como Allison para aplicar esas leyes siguen esparcidos  en todos esos sistemas distintos. Reformar la justicia penal es complejo. Pero esta parte específica del problema tiene una solución muy clara. Podemos integrar los datos y crear herramientas para quienes toman las decisiones. Y esas herramientas pueden lograr que más gente salga del sistema y no vuelva a entrar. 
Es lo que hacemos en Recidiviz. Somos un equipo de ingenieros  sin fines de lucro. Y para agentes como Allison, creamos una herramienta para responder a tres preguntas. ¿Quién puede ser liberado, literalmente, en el momento? ¿Quién está cerca de ser liberado pero le falta una cosa, como enviar una foto  de su recibo de sueldo? Y ¿quién necesita ayuda para obtener un tratamiento, conseguir trabajo o vivienda? Es la herramienta más sencilla que se puedan imaginar, pero así Allison puede ayudar a quienes lo necesitan y ayudar a que los demás  puedan retomar sus vidas. 
Lanzamos esta herramienta en Idaho hace seis meses. En cuestión de semanas, Kate fue liberada. En cuestión de meses, 5 % de la gente en libertad condicional había pasado a un grado de supervisión inferior o habían salido por completo del sistema de justicia penal. 
(Aplausos) 
Cinco por ciento. Cinco por ciento. Supongamos que esto ocurriera en los 50 estados. Podría tener un impacto en 200 000 personas como Kate. Y es solo el primer paso, solo una pieza del rompecabezas. 
Necesitamos mejores datos en todos los niveles 
de la toma de decisiones en la justicia penal. Para que los directores penitenciarios vean qué programas funcionan. Para que los supervisores detecten  y corrijan estos procesos fallidos que vuelven a arrastrar a personas al sistema. Para que los políticos puedan ver qué leyes están reteniendo a la gente. Estos son los líderes que EE. UU. necesita para reducir el encarcelamiento, para reducir disparidades raciales, ahorrar dinero de impuestos, y para hacerlo todo de forma segura. Les estamos pidiendo que hagan cambios audaces y dejen de andar a ciegas. 
Los datos no pueden corregir el sistema judicial de EE. UU., pero pueden ayudar a 200 000 personas que están atascadas en ese sistema. Pueden mostrarnos qué estrategias funcionan. Pueden darnos la seguridad de que las leyes por las que luchamos realmente ayudan a las personas para las que están pensadas. 
Empezamos esta tarea porque nos pareció que los ingenieros  en sistemas podían ayudar. Y lo cierto es que proporcionar datos a quienes toman las decisiones es una de las estrategias más prometedoras que tenemos para transformar el sistema en su totalidad. Y hoy, después de tres años,  ocho estados y miles de personas, parece que estamos empezando. 
Gracias. 
(Aplausos) 
