Sabemos que los bosques cumplen un papel fundamental en la regulación del clima. 
Aunque la mayoría de lo que sabemos acerca de esos bosques 
en realidad está basado en cosas que podemos medir en la superficie. 
Históricamente, los ecologistas  como yo veníamos a este lugar 
y contábamos el número de troncos que pudiéramos encontrar. 
Identificábamos de qué especie son, 
y hoy identificaríamos de forma remota las características 
del techo de este bosque desde el espacio. 
Por supuesto todo esto tiene sentido. 
La fotosíntesis ocurre sobre el suelo. 
La fotosíntesis es la forma en que el  carbono y la energía ingresa a los bosques 
La fotosíntesis hace que los árboles puedan retirar el dióxido de carbono 
de la atmósfera. 
Pero, también sabemos que la  mayoría de los árboles están limitados 
por los recursos del suelo como el agua o nutrientes. 
Y para llegar a esos recursos, los árboles deben construir raíces. 
Y los árboles construyen una increíble cantidad de raíces. 
Así, en algunos bosques existe tanta o más biomasa debajo del suelo, en forma 
de estructura de raíces, 
como sobre el suelo, en  forma de troncos y hojas. 
Las investigaciones han dejado en claro 
que la ecología debajo del suelo - 
lo que ocurre en el suelo - es muy  importante para entender 
cómo funcionan estos sistemas de los bosques. 
Sin embargo, si rastrean estos sistemas  raíces hasta los extremos terminales, 
las puntas más finas del sistema de raíces, 
y los miran de cerca- me refiero a muy de cerca, 
van a necesitar un microscopio - 
descubrirán en un punto donde el árbol deja de ser una planta, 
para convertirse en un hongo. 
Así, la mayoría de los árboles de la Tierra forman una sociedad, 
o lo que la ciencia llama simbiosis, 
con hongos micorrizógenos. 
Entonces, en mi opinión, 
es una de las imágenes más importantes que se hayan capturado de esos organismos. 
En el fondo, arriba, 
pueden ver una densa red de  hifas fúngicas. 
Son como raíces, pero de hongos, en lugar de plantas. 
Y por delante, 
pueden ver estas esporas multinucleadas fúngicas increíbles, 
que parecen totalmente irreales, pero  lo son en absoluto. 
Estas son las estructuras reproductivas de los hongos. 
Tienen el potencial de convertirse  en nuevas redes fúngicas. 
El hongo micorrizógeno es esencial 
porque con él todas las plantas tienen acceso limitado a los recursos del suelo. 
Existe evidencia 
de cuando las plantas hicieron la  transición evolutiva 
de vivir en el agua a vivir en el suelo, 
desarrollaron esta simbiosis incluso antes de desarrollar sus raíces. 
Esta sociedad entre los bosques y sus hongos es antigua, 
y se remonta a  cientos de millones de años atrás. 
Aunque estas raíces no tienen  por qué ser solo hongos. 
Pueden ser incluso, bacterias. 
Así estas estructuras circulares en esta red de raíces 
se llaman nódulos de raíz. 
Albergan bacterias simbióticas,  fijadoras de nitrógeno. 
Estas bacterias 
convierten el gas nitrógeno de la  atmósfera 
en formas utilizables para las plantas, 
mientras nutren el crecimiento de la planta. 
Y la complejidad biológica del suelo sigue creciendo. 
Así, estas raíces simbióticas están incrustadas en una red aún más compleja 
de bacterias de vida libre, y hongos descomponedores 
y arqueas y protistas, 
animales del suelo microscópicos, virus... 
La biodiversidad de la comunidad del suelo es increíble. 
Ahora sabemos que un puñado de tierra 
puede tener más de 1000 especies de microbios que coexisten. 
Y todo esto es la microbioma del suelo. 
Este es el microbioma del bosque, el ecosistema de la microbioma. 
Los avances en la tecnología  para secuenciar ADN 
por fin han puesto el foco  en el subsuelo. 
El ADN nos permite ver estas comunidades microbióticas 
en detalle sin precedentes 
y, sólo recientemente,  a escalas sin precedentes. 
Pero, a pesar de estos avances 
diría que aún no conocemos las respuestas a preguntas que parecen simples como: 
«¿Cómo se ve un microbioma forestal  saludable?» 
Estamos más cerca de responder esta pregunta para las personas 
que para las plantas. 
El Proyecto de Microbioma Humano ha liderado en esta área. 
Así, el cuerpo humano es un ecosistema  microbiótico. 
Cada una de nosotros tiene una comunidad biodiversa increíble en el intestino 
y esto tiene un impacto profundo  en nuestra salud. 
Algunos microbiologistas  descubrieron esto 
mediante la secuenciación de ADN para conocer qué bacteria 
vive en centenas en el cuerpo de la gente. 
Y muy importante, señalando rasgos de la salud de esa gente. 
¿Están enfermos? Y si es así, ¿con qué? 
¿Cuál es su presión sanguínea, su salud  digestiva, 
y su salud mental? 
Y al combinar toda esta información 
esos microbiologistas  comenzaron a identificar 
las mezclas de bacterias  vinculadas a la salud y enfermedad. 
Estos análisis se convierten en  un mapa 
para el desarrollo de terapias de trasplantes de microbiomas de personas, 
fundamental en la restauración del ecosistema 
para el microbioma de los intestinos. 
Estas terapias ya  están en el mercado 
para tratar algunas de estas enfermedades. 
A partir de este trabajo,  mi equipo pensó, 
«¿cómo sería 
llevar este enfoque del  Proyecto de Microbioma Humano, 
pero aplicado al bosque?» 
¿Qué podemos descubrir sobre el  ciclo del carbono forestal? 
¿Encontraríamos espacios 
donde se podría realizar una restauración microbiótica del subsuelo 
y, en el proceso, combatir el cambio climático? 
Los últimos tres años 
hemos trabajado con científicos  forestales de Europa 
para hacer exactamente esto. 
En cada uno de estos sitios, 
los científicos han documentado la salud forestal durante décadas. 
Preguntamos a nuestros socios de estudio forestal 
para ir a cada uno de estos bosques 
y recoger una pequeña muestra  de suelo, 
que fueron enviados  a nuestro laboratorio en Zúrich 
para extraer y secuenciar ADN, 
lo que nos permitía comprender  qué microorganismos, 
y en particular los hongos, 
viven en cada uno de estos bosques. 
Por último, usamos estadísticas y aprendizaje automático para relacionar qué microorganismos viven el bosque a una medida de salud de los bosques muy importante: ritmo de crecimiento forestal y el índice de captura de carbono en la superficie. 
Cuando controlábamos el motor medioambiental del crecimiento forestal - 
cuan caliente y húmedo es cada uno de estos lugares, junto con otras variables que conocemos: fertilidad del sitio - descubrimos que el hongo coloniza particularmente las raíces de los árboles. Está unido a la triple variación de la velocidad en la que crecen, qué rápido eliminan dióxido de carbono de la atmósfera. Para ponerlo de otra manera, estas correlaciones implican que puedes tener dos pinares al lado del otro, que experimentan el mismo clima y crecen en el mismo suelo. Pero si uno de ellos se coloniza por la comunidad de hongos apropiada en sus raíces, podría crecer tres veces más rápido que el pinar adyacente. Y además, estos patrones no dependen de la presencia de especies con un alto rendimiento pero dependieron de comunidades de hongos biodiversas y distintas. 
Así que estas infecciones fúngicas nos emocionan mucho porque implican una oportunidad para controlar, y en muchos casos, reconstruir el microbioma fúngico del bosque. 
Por ejemplo, ¿podemos reintroducir la biodiversidad fúngica en un paisaje de bosque controlado? Y, ¿podemos hacer que los árboles crezcan más rápido? ¿Podemos hacer que absorban más carbono en sus troncos y en el suelo? ¿Podemos restaurar el suelo y combatir el cambio climático? Estas preguntas no son solo retóricas - hemos empezado a hacer esto realmente. 
Este es uno de nuestros campos de prueba en Gales, en Reino Unido. Opera colaborando con una organización benéfica llamada the Carbon Community. Son 28 acres u 11 hectáreas, Está dispuesta como una prueba bloqueada controlada. Es comparable a cómo se establece una prueba de droga pero en este caso es para árboles en vez de personas. Aquí hacemos un experimento bastante sencillo. O plantamos árboles, el trabajo normal - que es plantar semillas de árboles directamente en el suelo - o plantamos árboles, y al momento de plantarlos, añadimos un puñado de tierra. Pero no es cualquier tierra, proviene de un bosque del que nuestros análisis identificaron que alberga hongos potencialmente de alto rendimiento. Desde que reintroducimos la biodiversidad microbiota en algunos de estos sitios, hemos observados que donde lo hicimos, ha acelerado el crecimiento de los árboles y la absorción de carbono en los troncos del 30 al 70 por ciento, dependiendo de la especie de árbol. En otras palabras - donde hemos manipulado la microbiología invisible de este lugar, hemos empezado a cambiar totalmente el funcionamiento de ese lugar. 
Es importante recalcar que estamos muy contentos con estos resultados, pero también entendemos que todavía es temprano. Queremos ver muchas más pruebas a gran escala y muchos más sitios con más años y datos. 
Aunque más de estas emisiones de carbono y resultados climáticos, creo que la parte más interesante es que realmente podemos hacer esto con combinaciones de microorganismos salvajes y nativos. Señalando este método a la silvicultura, en principio, este tipo de ciencia tiene el potencial de generalizar todos nuestros paisajes controlados. Podemos empezar a preguntarnos: “¿Cómo es un microbioma agrícola sano?” Refiriéndonos a la comida y la agricultura forestal. 
Hay una razón para pensar que el acercamiento a la biodiversidad puede ser muy poderoso aquí. Y eso es porque la historia de la agricultura ha intervenido en el reduccionismo. Hemos identificado plantas de alto rendimiento y cepas. Las hemos cultivado selectivamente, Y ahora las modificamos genéticamente. Finalmente, plantamos esos organismos en grandes monocultivos. Una única especie de planta. Para ser claros, ha producido agroecosistemas  muy productivos. Pero ha producido ecosistemas que empezamos a entender son increíblemente frágiles. Sistemas más sensibles a fenómenos meteorológicos extremos, patógenos novedosos. Los sistemas que dependen de aportes químicos Estamos entendiendo que tienen exterioridades muy serias. 
Ahora tenemos los datos, las herramientas computacionales y la teoría ecológica para cambiar de rumbo, hacia la biodiversidad y la complejidad. Y cuando lleguemos, la cuestión se convierte, restaurando nuestra tierra, ¿podemos hacer de nuestros paisajes controlados de comida y bosque reservas de biodiversidad bajo la tierra? Y durante el proceso, ¿ganaremos producción y absorción de carbono y todos otros servicios que le pedimos a los ecosistemas? 
Creo que hay muchos motivos aquí para ser muy optimistas. También creo que no deberíamos sorprendernos de que estos organismos microscópicos tengan el potencial para estos efectos enormes en los ecosistemas. Por eso sabemos desde hace mucho que los bosques son hongos. Son comunidades increíblemente  biodiversas de bacterias, archaea, protistas, animales y virus de tierra microscópica. La tierra es la base literal de los ecosistemas terrestres y la vida microbiota que la habita representa algunas de las comunidades más complejas y biodiversas de la Tierra. 
Por primera vez, La secuenciación del ADN está iluminando la zonas bajo suelo. Nos permite ver estos organismos con detalles sin precedentes en escalas sin precedentes. Imagina estudiar botánica pero nunca saber si estás mirando una sequoia o a un musgo sphgnum. Y de repente, lo sabes. Eso es lo que está pasando ahora en la microbiología medioambiental global. Deberíamos anticipar esta revolución en nuestro entendimiento de estos microorganismos, especialmente hongos para transformar el entendimiento y la gestión de nuestros ecosistemas desde el principio. 
Gracias. 
(Vítores y aplausos) 
