Hace unos años me inscribí en algo llamado un examen 360. 
(Risas) 
Si has trabajado en el mundo de las empresas, probablemente has escuchado de este ejercicio diabólico. 
(Risas) 
Es una encuesta anónima con tus jefes, colegas e informes directos y la idea es obtener una vista panorámica de tus fortalezas y debilidades. Yo elegí la versión colonoscopia del examen 360. 
(Risas) 
E incluyó mi esposa, mi hermano y dos de mis maestros de meditación. En total, 16 personas dieron entrevistas confidenciales de una hora y después recibí un informe de 39 páginas repleto de citas anónimas. Se nota que tienen ganas de escuchar los resultados, sádicos. 
(Risas) 
Pero van a tener que esperar un momento porque les debo contar un poco sobre mí. Antes era conductor. Trabajé por ABC News por 21 años. Era un trabajo muy estresante. De hecho, sufrí un ataque de pánico al aire en el 2004 en cuanto reportaba los distintamente rutinarios titulares. Lo bueno es que mi ataque televisado acabó llevándome a la meditación, la cual por mucho tiempo yo había rehusada como ridícula. Fui criado por un par de científicos ateos, soy inquieto y escéptico, y eso me llevó a injustamente asociar la meditación con la lectura del aura, los murales de visión y la sanación con delfines. Pero esa práctica realmente me ayudó con mi ansiedad y depresión. Así que me puse la meta de hacer la meditación más atractiva a otros escépticos a través de abandonar los clichés hippie y de usar palabrotas a menudo. 
(Risas) 
Sorprendentemente, este enfoque poco ortodoxo me convirtió en más o menos un gurú de autoayuda. Y después de unos años en esta trayectoria, decidí que quería ver si mi trabajo interior estaba dando fruto al exterior ¿sabes? ¿Me hacía más amable la meditación? Y por eso me inscribí en el 360. Y ahora te contaré sobre los resultados. 
Las primeras 13 páginas fueron dedicadas a mis excelentes cualidades. Las personas hablaron de cómo era muy trabajador e inteligente, además dijeron que la meditación me había vuelto más atento. Pero luego vino 26 páginas de derrota. 
(Risas) 
El primer golpe fue que algunos notaron que tenía la tendencia de ser maleducado a los empleados subalternos, lo cual fue muy vergonzoso. Pero solo se puso peor. Me llamaron emocionalmente cauteloso, un diva y autoritario. 
(Risas quietas) 
No sé por qué es tan gracioso. 
(Risas) 
Hasta algunos cuestionaron mis motivos por promover la meditación. Llegó a ser tan mal que mi esposa,  que me lo estaba leyendo, acabó levantándose, fue al baño y lloró. Creo que para mí lo más doloroso fue descubrir que los aspectos de mi personalidad que me daban más vergüenza y que realmente había tratado de ocultar estaban plenamente expuestos a todos. Y esos incluían mis dos mayores prominentes y problemáticos demonios: la ira y el egoísmo. 
(Aclara garganta) 
Disculpa, nunca he hablado sobre esto públicamente. 
(Aplausos) 
Gracias. 
Pensé que no se aplauda a los autoritarios aquí en TED. 
(Risas) 
El caso es que la meditación definitivamente me había ayudado pero seguía sin duda con la capacidad de ser un imbécil y no soy el único. Ha estado aumentando todo tipo de mala conducta. La conducción descuidada, los revoltosos pasajeros aéreos, la crimen violenta, el bullying en línea, la incivilidad en el trabajo, el antagonismo tribal, incluso el egoísmo en general. A veces puede que se sienta realmente que se está deshaciendo el tejido social. 
Así después de mi 360, decidí trabajar en mí mismo y ver si podría aprender unas cosas que, por extensión, ayudaría al ser humano. Utilicé cada herramienta disponible. Hice psicoterapia, entrenamiento de comunicaciones, formación antisesgo, terapia de pareja y más. Y si bien estaba muy agradecido de poder hacer todo eso y todo ayudó, aún me ponía egoísta o brusco a menudo. Entonces me inscribí en un retiro en silencio de nueve días para practicar una forma de meditación que ha demostrado aumentar tu capacidad de calidez. Se llama bondad amorosa, la cual, como puedas imaginar, me parecía como el Día de San Valentín con una arma en la sien. 
(Risas) 
Pero estaba comprometido hacerlo. Realmente quería ser más agradable. Pero me atoraba constantemente porque la mujer que organizaba el retiro, mi maestra, se llama Spring Washam, insistía que si quería ser menos grosero con los demás, debía empezar por ser menos grosero conmigo mismo, lo cual pensé que era algo que se escucha de influencers e instructores de spinning... 
(Risas) 
Hasta llegó a sugerir que cuando veía a mis demonios surgiendo durante la meditación, debería poner la mano en el corazón y decir a mí mismo, “No pasa nada, amorcito. Te acompaño”. 
(Risas) 
Para nada. 
(Risas) 
Ni de chiste. No iba hacer eso. 
Pero a lo largo de los días siguientes de meditación sin parar, noté que efectivamente mis demonios gemelos estaban en total vigor. Con mi ira, ensayaba gloriosos discursos llenos de palabrotas que daría a mi jefe sobre los varios ascensos que merecía. Con mi egoísmo, escribía mis propias reseñas de cinco estrellas para mis varios libros, alabando mi prosa elegante y mi rostro atractivo. 
(Risas) 
Y ante todo este egocentrismo e ira, agregué una avalancha de autocrítica. Me conté un cuento de cómo era un monstruo incurablemente auto-obsesionado e irritable con pezuñas hendidas y la mandíbula retractable. 
Después de unos cinco o seis días bebiendo de esta manguera, me rendí. En medio de la meditación, me puse la mano arriba del corazón, y aunque definitivamente no me iba llamar a mí mismo “amorcito”, silenciosamente dije a mí mismo. “Tranquilo, amigo. Ya sé que está difícil pero te acompaño”. Fue muy raro y vergonzoso pero en el momento, tuve una epifanía. Me di cuenta de que mis demonios eran en realidad solo antiguas programas neuróticas basadas en miedo, probablemente inyectados en mí por la cultura, por mis padres Y estaban tratando de ayudarme. Era el organismo tratando de protegerse. Y al parar de pelear con ellos, se calmaron por unos segundos. No tenía que matarlos. Solo tenía que darles la mano. Y esta extensión contraintuitiva de calidez no era, me di cuenta, no era indulgente. Era desarme radical. 
Así es cómo lo pienso yo. En cualquier momento, hay dos elecciones o dos espirales disponibles para nosotros. El primero se llama, según mi amiga Evelyn Tribole, el vórtice de inodoro. Se ve tan infantil y ridículo porque fue yo quién lo dibujó. 
(Risas) 
No pasa nada, amorcito. Tienes tantos otros talentos. 
(Risas) 
(Aplausos) 
Probablemente no debería burlarme de lo que quiero que hagan, pero... El vórtice de inodoro puede empezar así. Estás criticando a ti mismo porque no te gusta cómo te ves en el espejo. Estás a disgusto con tu nivel de productividad o has fallado a entrar en cetosis, lo que sea. Luego te desquitas con otras personas y acabas sintiéndote más miserable, y ahí te vas para abajo. 
El muy superior alternativo lo llamo el cursis espiral ascendente. Este lo dibujó un profesional. 
(Risas) 
Al ponerse más agradable tu clima interior porque has aprendido a darle la mano a tus demonios, eso sale en tus relaciones con otros. Y porque las relaciones son probablemente la mayor variable respecto al florecimiento humano, se mejora aún más tu clima interior y para arriba te vas. Y eso es el punto total. El auto amor, entendido bien, no como el narcisismo sino como apoyarte a ti mismo, no es egoísta. Te mejora en amar a los otros. Y el lado contrario de esto estaba a la vista en mi 360. Todas las formas en que me estaba torturando surgían en mis relaciones con otros. Y mientras sufrían esas relaciones, yo igual. 
Juntos, mis dos excelentes dibujos representan una novata teoría del campo unificado de amor. Se llama “Yo, una historia de amor”. 
(Risas) 
Es un nombre ridículo a propósito, pero en realidad, uso la palabra amor con toda seriedad. Si bien es una palabra confusa porque la usamos para todo, desde nuestros parejas a nuestros hijos hasta las galletas sin gluten. Pero estoy a gusto aceptando lo amplio del término. Yo considero el amor como cualquier cosa dentro de la capacidad humana para cuidar, una capacidad profundamente arraigada en nosotros por la evolución. Es nuestra habilidad de cuidar, cooperar y comunicar que ha permitido al homo sapiens florecer. Y es la falta de ejercer ese músculo, es la falta de amor que es la raíz de nuestros problemas más urgentes, desde la desigualdad a la violencia a la crisis climática. Obviamente, son todos problemas inmensas que requieren inmensos cambios estructurales, pero fundamentalmente, también requieren que cuidemos unos a otros. Y es más difícil hacer eso cuando estás preso en un espiral infinito de autoflagelación egoísta. 
(Aplausos) 
Gracias. 
Entonces creo que lo que quiero decir es que hay un caso geopolítico en favor de arreglar tu vida. 
(Risas) 
Y las noticias increíblemente empoderantes es que el amor no es una configuración de fábrica que no se puede ajustar. Es una capacidad que puedes entrenar. De hecho es una familia de capacidades. Después de mi 360, aprendí varias prácticas para mejorar mi forma de amar, y voy a compartir ahora con Uds. dos de ellas que creo que serían muy fácil de integrar en tu vida. Primero, iniciar una práctica de meditación de bondad amorosa. Debo decir que no es obligatorio inscribirte en un sofisticado programa metafísico y no debería ocupar demasiado tiempo. Quizás unos minutos unas veces a la semana para empezar. Las instrucciones son muy sencillas. Encuentra un lugar tranquilo. Asume una posición cómoda, cierra los ojos y empieza visualizando a una persona muy fácil. Tal vez un buen amigo, tal vez una mascota. Luego repites en tu mente cuatro frases: “Qué seas feliz, qué estés seguro, que estés sano, qué vivas tranquilamente”. Después de generar un poco de calidez, usas el truque de cebo y cambio y sigues contigo mismo. Otra vez visualizas la imagen y mandas las mensajes. Después, vas con un mentor, alguien quien te ha ayudado en tu vida. Luego alguien neutro, de que quizá te hayas olvidado. Sigue alguien difícil, que debe de ser fácil de hallar. Y terminamos con todos seres en todos lados. Para algunos, puede parecer artificial y cursi, pero vale notar que los estudios muestran que esta práctica tiene beneficios fisiológicos, psicológicos e incluso conductuales. 
La otra práctica que recomiendo es comenzar a conscientemente contra programar tu crítico interno. La próxima vez que te ves descendiendo el inodoro, si nadie está viendo, pon la mano en el corazón y habla contigo mismo como hablarías con un buen amigo. Para la gente ambiciosa, puede dar algo de miedo. Tal vez temas que te va quitar tu ventaja. Pero los estudios muestran que el proceso de sustituir tu sádico tirano interno con un coach interno, que tiene altos estándares sin ponerse grosero, hace que sea más probable que realices tus metas. 
Ahora, yo admito que a pesar de que dejé de ser conductor de noticias y ahora soy evangelista de meditación, todavía suelo descender el inodoro. Es mucho más probable que acceda  a la espiral ascendente. De hecho, tres años después de mi 360, hice otro porque nunca aprendo. Y este fue muy diferente. La gente prodigó elogios sobre cómo había cambiado como amigo, mentor y colega. Hablaron sobre reuniones específicas donde antes me hacía el acusador y ahora era agradable. Alguien dijo, “Su ego está disminuyendo”, que creo que es un elogio. Otro comentó, “Está hallando su corazón”, lo cual el nuevo yo perdoné. 
(Risas) 
Después de leerlo, mi esposa me volteó a ver y me dijo, “Felicidades, ahora eres aburrido”. 
(Risas) 
Espero que fue broma porque en mi opinión, mejorar tu forma de amar es nada de aburrido. Es rebelde porque va contra la sensación de nunca ser suficiente y de siempre estar atrasado que la sociedad quiere que sintamos. Es valiente porque es difícil enfrentar a tus demonios. Y produce felicidad porque cuando das la mano a tus demonios, no perteneces tanto a ellos. Y todo eso te hace más generoso y más accesible. Si eso te suena grandioso o demasiado sentimental, déjame decirlo de otra manera. Tienes una vista mejor cuando abres los ojos. 
(Risas) 
Muchísimas gracias. 
(Aplausos) 
