Bueno, gente, saquémonos esto de encima. Sé que este tema les resultará incomodo a muchos, pero tengo que decirlo. Tenemos que hablar sobre sus problemas con los hongos. Está bien, no se avergüencen. Lo solucionaremos. Saldremos de esto juntos. Les pueden llamar hongos, «hongitos», «hongotes», ustedes deciden. Quiero decirles que es un nuevo mundo que necesitamos explorar. Y creo que lo podemos hacer de maneras interesantes. 
Todos tuvimos algún problema con los hongos en algún momento de nuestra vida, incluso ahora, ¿no? Cuando pensamos en hongos nos imaginamos cosas peludas que crecen en el yogurt que nos olvidamos en el fondo de la heladera. O esa comezón que te da al usar tus pantalones favoritos que, tal vez, estaban un poco ajustados. O tal vez piensen en muerte, putrefacción y enfermedades cuando piensan en los hongos. 
Pero solo algunos de los hongos tienen un lado oscuro. ¿Quién no lo tiene? Los invito a ver a estas criaturas incomprendidas desde una nueva perspectiva, tal vez así comiencen a valorar algunos de sus comportamientos positivos e inspiracionales. 
Así, el moho que florece en el yogurt que 
te olvidaste en el fondo de la heladera tal vez no lo está pudriendo ni echándolo a perder, tal vez lo está transformado, dándole nuevas posibilidades. Y ese acto de transformación es clave para la vida en nuestro planeta, ha sido importante para nuestra historia. Y tal vez para el futuro, si podemos aprender de los hongos podremos transformarnos a nosotros mismos y a nuestras sociedades para estar en mayor armonía con la naturaleza 
Así que, ¿qué quiero decir cuando digo que 
los hongos fueron importantes  en el pasado? No me refiero al increíble viaje alucinógeno que tuviste en la universidad, aunque probablemente fue genial a su manera. Me refiero a la forma en que los hongos han sido fundamentales para la evolución de la vida en nuestro planeta, prácticamente todos los tipos de vida tienen un trasfondo con los hongos. 
Ahora, piensen: los hongos han estado en el planeta por millones de años... o más. Y en ese tiempo la Tierra era un lugar rocoso y desolado. No tenía mucha vida. Ahora bien, las algas salieron del agua hacia la tierra y se convirtieron en plantas terrestres pero primero se asociaron a los hongos como sus raíces. La tierra se comenzó a formar a medida que los hongos comían rocas y las desintegraban para obtener nutrientes. Entonces había una oportunidad para que brotara una nueva forma de vida. Entonces, la evolución de las plantas prosperaría en todo el planeta, lo que oxigenaría la atmósfera y permitiría la evolución de formas de vida más complejas, como nosotros, los humanos. ¿No? 
Al estar en el planeta por millones de años, los hongos han desarrollado diversas estrategias vitales para poder adaptarse, diversificarse y ser resilientes. Imagínense, sobrevivieron durante millones de años soportando grandes cambios climáticos  durante cientos de miles de años, sobrevivieron a las cinco extinciones masivas en las que los dinosaurios y  los pobres minúsculos trilobites e innumerables desconocidas formas de vida se extinguieron. Pero los hongos persistieron y prosperaron hasta la actualidad. 
Y creo que eso es lo que me atrajo a ellos. Son adorables, ¿no? Quiero decir, ¿quién no ama una buena historia de supervivencia? Yo sí. Pero los hongos no fueron mi primer amor, en realidad fue la música. Cuando era muy, muy joven me gustaba la música grunge y tocaba en una banda de música grunge. Y éramos horribles. 
(Risas) 
Pero no sabía que en ese momento, de cualquier forma, debía seguir mi pasión Entonces puse todo en mi camioneta pick-up y me mudé de mi Kansas natal a Seattle, la meca de la música grunge en los noventa. Y estaba a punto de crear una banda nueva. Y desafortunadamente, el talento de Nirvana o Soundgarden no se me pegó. Habría sido una vida muy distinta si hubiese pasado. Pero el esplendor de los bosques del Noroeste del Pacífico me afectó. Los árboles y la vida sobre la tierra me atrajo, pero los hongos y los microbios que están bajo la tierra me hacían regresar. 
Me empezó a interesar cada vez cómo vivían, sus formas extrañas, que los hongos están literalmente en todos lados. En este momento están en su piel, en su panza. Cada vez que respiran, inhalan montones de esporas de hongos. Con cada movimiento pisan los hongos y el moho que está debajo de sus pies, en el suelo. Y su ubiquidad... es una de las principales razones por las que sabemos tan poco de los hongos. A pesar de todas las herramientas que hay disponibles, herramientas científicas, conocemos un 5% de todos los hongos, creemos que existen tres millones  de especies hoy en el mundo. Es una enorme cantidad de biodiversidad de la que casi no sabemos nada, no sabemos cómo viven ni lo que hacen. 
Y eso es lo que me inspiró a seguir estudiando a los hongos y a hacer preguntas profundas. ¿Esta biodiversidad nos podrá ayudar a crear un futuro más fuerte? ¿Qué podemos aprender realmente de los hongos? ¿Hay metáforas que podamos aplicar a como vivimos, para crear juntos un futuro  más resiliente? 
Quiero compartirles algunas de esas metáforas. La primera es que los hongos son biointeligentes. Al estar en el planeta por tanto tiempo, crearon una muy buena habilidad para ser buenos en la eficiencia de recursos y la resiliencia, y, por tanto, en la planificación territorial. Los investigadores en Japón realizaron este genial experimento, querían ver si los hongos podían ayudar a los ingenieros a crear redes de transporte más eficientes. Pusieron porridge en una placa de Petri para representar a las ciudades del área metropolitana de Tokio e introdujeron moho mucilaginoso, un tipo de moho cuya comida favorita es el porridge, y el hongo atravesó rápidamente un proceso de autooptimización para encontrar los enlaces más eficientes en su comida favorita, representada por un mapa del área metropolitana de Tokio. Y en cuestión de horas recrearía, en gran parte, el mapa de ferrocarriles del área metropolitana de Tokio, un mapa que los ingenieros hicieron en décadas. Los hongos no tienen cerebro ni un plan, no se les dio instrucciones ni guía. Aun así, crearon una red muy óptima. Y esto me convenció a mi y a otros científicos de que tal vez los hongos podrían tener usos prácticos que nos ayuden a resolver nuestros desafíos humanos de maneras rápidas y eficientes y quizás de una forma que nadie jamás hubiese pensado. 
Los hongos nos dan otra enseñanza al ser colaborativos. Hay una clara evidencia de su relación con las plantas. ¿Recuerdan cómo las algas evolucionaron a plantas gracias a que los hongos fueron su sistema de raíces? Bien, ese amorío nunca terminó. Incluso hoy el 90 porciento de las plantas terrestres tienen simbiosis micorrízica, la simbiosis entre la planta, el hongo y la raíz. Como se muestra en estas imágenes realistas del suelo de un ecosistema forestal... pueden ver los hongos que tienen forma de filamentos delgados gran parte de su vida, la red de estos filamentos delgados se llama micelio. Los micelios de los hongos pueden enroscarse en las raíces de las plantas para hacer simbiosis. Y así intercambian los nutrientes que la otra planta no es buena para crear o capturar. Los hongos les dan minerales a las plantas y las plantas, a través de la fotosíntesis proveen carbono dióxido de carbono. Y así este intercambio funciona entre los organismos. Pero no termina ahí, porque los hongos al mismo tiempo pueden enroscarse en otras plantas y las plantas pueden asociarse a otros hongos. Entonces nos encontramos con esta red subterránea gigante arbitrada por los hongos. Ahora, no solo fluyen los nutrientes sino también la comunicación, porque las plantas pueden hablar entre ellas usando la red fúngica para crear señales químicas para así, por ejemplo, advertirse sobre un ataque de insectos. 
Los hongos también son regenerativos. Su habilidad para descomponer importante para el planeta, por no decir otra cosa, porque los hongos se comen lo muerto y lo traen a la vida como nutrientes para volver a empezar el ciclo. En la naturaleza no existen los residuos. Digo, los residuos son un concepto humano. Todo se usa, todo es circular. Todo se convierte en algo más. Y si no aprecian a los hongos, lo harán por una razón, por su habilidad de descomposición. Piensen en ello. Estaríamos enterrados debajo de kilómetros de materia vegetal en descomposición y animales muertos y heces sin la  habilidad de descomposición de los hongos. Y tienen que admitir que viviríamos terriblemente mal. 
Metafóricamente, los hongos nos dan formas de ser biointeligentes, colaborativos y resilientes. Pero también creo que los hongos tienen usos prácticos aplicables a nuestra forma de  producir materiales. Y mi magnífico trabajo como investigador en la empresa científica de fermentación aquí en Oslo es reinventar un nuevo mundo con  materiales más sustentables en los productos de uso diario. 
Déjenme darles algunos ejemplos. Uno son los biomateriales. Al utilizar hongos, podemos literalmente hacer crecer materiales nuevos usando residuos agrícolas para reemplazar a los  productos insostenibles, como el poliestileno o la lana de roca, que muchas veces terminan en los basurales o contaminando. Podemos hacer crecer cosas como paneles acústicos o aislamiento para la construcción. O podemos hacer frisbees de hongos. Las posibilidades son casi infinitas. 
También podemos fabricar telas con los hongos, por ejemplo, cuero vegano. Generalmente, tienes una vaca y lleva cerca de tres años hacer cuero, y todos los recursos y la muerte animal involucrada en el proceso. Mala manera de hacer cuero. Si se puede hacer de otra forma,  como con los hongos, solo lleva días fabricarlo. Es una manera más eficiente y ética para hacer cuero en el futuro. 
Y también tenemos la comida, un tema que me apasiona. Podemos fabricar una gran variedad de comida sostenible y rica con los hongos. Podemos reemplazar, por ejemplo, la carne, los mariscos o los lácteos. O incluso crear una nueva clase de comida que no se parezca a eso. Las posibilidades son ilimitadas. Y lo podemos hacer de una forma que reduzca la huella ecológica. Los hongos son capaces de autoreplicarse, podemos hacer que se repliquen para afrontar el desafío de cómo producir más alimentos y reducir  nuestro impacto en el planeta. Es un gran desafío. Podemos lograrlo con los hongos. 
Por último, el alimento para peces. Estamos en Noruega, ¿no? El mayor productor de salmón del mundo. ¿Cómo alimentamos al salmón? Con proteínas. Principalmente con dos cosas: soja y alimento para peces, ninguna son fuentes sostenibles de proteína para el futuro porque contribuyen a la pesca excesiva en los océanos y patrones de uso de la tierra que, en algunos casos, la degradan. Entonces necesitamos inventar fuentes más sostenibles para alimentar a los peces. Y, ¿qué pasaría si pudieramos usar a los hongos para crear las proteínas necesarias para alimentar a los peces? ¿Podríamos hacerlo forma que usemos los remanentes de la industria alimenticia como alimento para los hongos que cultivamos? Sería un sistema increíblemente sostenible y, me atrevo a decir, beneficiaría a nuestra autosuficiencia. 
Una de las cosas más estupendas de ser un micólogo es que de toda la diversidad que existe, aún no hemos descubierto las cosas más maravillosas que los hongos pueden hacer. Los descubrimientos más asombrosos sobre los hongos aún esperan para ser revelados. Recién estamos empezando a descubrir qué es lo que podemos lograr con la ayuda de los hongos 
Tengo esperanza, deseo que nuestros problemas con los hongos se transformen en soluciones, que miremos al mundo fúngico para obtener nuevos actitudes, nuevas metáforas e incluso nuevos materiales, que pensemos de manera más colaborativa, más regenerativa y con más biointeligencia mientras nos acercamos al futuro, justo como los hongos. 
Muchísimas gracias. 
(Aplausos) 
