En el verano de 2014, estaba en el Kurdistán Iraquí con un pequeño equipo de arquéologos, cerrando una temporada de excavaciones cerca de la ciudad de Halabja. El proyecto investigaba algo que me ha causado intriga y confusión desde que comencé a estudiar arqueología. 
Nos enseñan a creer que hace miles de años, cuando nuestros ancestros inventaron la agricultura en esa parte del mundo, se originaron una cadena de consecuencias que moldearían al mundo moderno en una dirección particular, de un rumbo muy peculiar. Al cultivar trigo, nuestros ancestros supuestamente desarrollaron nuevos vínculos con la tierra sobre la que vivían. Se inventó la propiedad privada. Y con eso, la necesidad de defenderla. Junto con el auge de nuevas oportunidades para algunas personas para acumular excedentes, surgieron nuevas demandas laborales que obligaban a la gente a adoptar un duro régimen de cuidado de cultivos mientras que un grupo privilegiado recibía libertad y tiempo libre para hacer otras cosas. Para pensar, para experimentar, para crear las bases de lo que llamamos civilización. 
Ahora, según esta historia familiar, lo que pasó después es que estalló la población, lo que convirtió a aldeas en pueblos, y los pueblos en ciudades, y con el surgimiento de estas ciudades, nuestra especie se encaminó en una trayectoria familiar de desarrollo donde poblaciones en espiral y cambios tecnológicos estaban sujetas a formas horribles de desigualdad que estamos acostumbrados hoy día. 
El problema es que, alguien que ha estudiado la evidencia del Medio Oriente te podrá decir que casi nada de lo que te he estado diciendo es verdadero. Y las consecuencias que voy a proponer son bastante profundas. De hecho, lo que sí pasó después de la creación de la agricultura hace unos 10,000 años, es un largo periodo de otros 4,000 años donde aldeas en gran parte se quedaron como aldeas. Y a decir verdad hay muy poca evidencia del surgimiento de clases sociales rígidas, lo cual no quiere decir que nada pasó. Pasando esos 4,000 años, el cambio tecnológico continuó a buen ritmo. Sin reyes, sin burocracias, sin ejércitos existentes, estas tempranas poblaciones agrícolas fomentaron el desarrollo del conocimiento matemático, metalurgia avanzada. Aprendieron a cultivar olivos, vides y palmas datileras. Inventaron el pan leudado, cerveza, y desarrollaron tecnologías textiles: el torno alfarero, la vela. Y divulgan todas estas innovaciones por todas partes, desde las costas Mediterráneas orientales, hasta el Mar Negro, y desde el Golfo Pérsico, todo el camino hasta las montañas de Kurdistán, donde nuestras excavaciones fueron llevadas a cabo. 
Siempre hablaba acerca de este largo periodo de historia humana, bromeando, como la era de la primer aldea global. Porque no se trata nada más de las innovaciones tecnológicas que son tan extraordinarias, pero también de las innovaciones sociales que le permitió a la gente hacer todas estas cosas sin la creación de núcleos y sin levantar una clase de líderes permanentes sobre todos los demás. 
Ahora, curiosamente, esta eflorescencia de la cultura no es lo que solemos llamar civilización. En cambio, ese término se guarda para las sociedades severamente desiguales, las cuales surgieron miles de años después. La Mesopotamia dinástica Egipto Faraónico. La Roma Imperial. Sociedades profundamente estratificadas. En resumen, Siempre he sentido que básicamente había algo muy raro sobre nuestro concepto de civilización, algo que nos deja sin palabras, con la lengua trabada. Cuando nos enfrentamos a miles de años de seres humanos, digamos, practicando agricultura, creando nuevas tecnologías, pero sin enseñorearse sobre otros o explotándonos unos a otros al máximo. 
¿Por qué no tenemos mejores palabras? ¿Dónde está nuestro léxico para estas grandes expansiones de historia humana donde no nos comportábamos de esa manera? 
En los últimos diez años o más, había trabajado de cerca con el ya fallecido, y gran antropólogo David Graeber para responder algunas de estas preguntas. Pero lo hicimos a una mayor escala porque desde nuestra perspectiva de arqueólogo y antropólogo, este choque entre teoría e información, entre la narrativa convencional de la historia humana y la evidencia que ya tenemos el día de hoy no se confina solo al antiguo Medio Oriente. Es todo: Lo que hemos construido por siglos sobre nuestro panorama de la historia humana, es básicamente falso. E intentaré explicar algunas otras razones sobre por qué es esto. 
Regresemos a algunos de esos conceptos clave, los puntos de referencia estables sobre los cuales nos hemos organizado y orquestando nuestro conocimiento de la historia mundial por cientos de años. Por ejemplo, esa noción que por mucha de su historia, la especie humana vivió en bandos equitativos muy pequeños de cazadores, hasta la llegada de la agricultura la cual marcó el inicio de una nueva era de desigualdad. O la noción que con la llegada de las ciudades vinieron las clases sociales, reyes sagrados y jerarcas rapaces pisoteando a todos bajo sus pies. Desde nuestras primeras clases de historia, se nos enseña a creer que nuestro mundo moderno, con todas sus ventajas y comodidades, cuidado médico moderno, viaje espacial, todas las cosas que son buenas y emocionantes, no podrían existir sin esa concentración original de humanidad a unidades cada vez más grandes y la acumulación incesante de desigualdades que vinieron de eso. La desigualdad, nos enseñaron a creer, fue el precio necesario de la civilización. 
Bueno, en ese caso ¿qué podemos pensar del antiguo Medio Oriente? Quizás se podría decir que hubo un retraso muy muy, muy largo, de 4,000 años, para que estos desarrollos se llevaran a cabo. La desigualdad estaba destinada a ocurrir, a ponerse en marcha. Era solo cuestión de tiempo. Y tal vez el resto de la historia todavía funciona para otras partes del mundo. 
Bueno, pensemos un poco sobre lo que sí podemos decir hoy acerca del origen de las ciudades. Seguramente, pensarían que con la aparición de las ciudades se provocó el origen de las clases sociales. Reflexionen sobre el antiguo Egipto y sus templos piramidales. O sobre la China Shang y sus opulentas y lujosas tumbas. Los mayas con sus líderes belicosos O el imperio Inca con sus reyes y reinas momificadas. Pero en realidad, el panorama actualmente no es tan claro. Lo que la arqueología moderna nos relata, por ejemplo, es que ya habían ciudades en los tramos bajos del Río Amarillo más de 1,000 años antes del auge de la dinastía Shang. Y en el otro lado del pacífico, en el Río Supe de Perú ya observamos grandes aglomeraciones de personas con arquitecturas monumentales 4,000 años antes de los Incas. En Asia del Sur, hace 4,500 años, las primeras ciudades aparecieron en lugares como el Mohenjo-daro en Harappa en el Valle del Indo. Pero estos enormes asentamientos no presentan evidencia de reyes o reinas. No hay monumentos de la realeza, ni arte agrandado. Y más importante, sabemos que la mayoría de la población vivía en propiedades de alta calidad con saneamiento excelente. Al norte del Mar Negro, en el país moderno de Ucrania, arqueólogos han encontrado evidencia de ciudades incluso más antiguas yendo 6,000 años atrás. Y de nuevo, estos grandes asentamientos no presentan evidencia de algún gobierno autoritario. Sin templos, ni palacios, ni siquiera alguna evidencia de depósitos centrales o burocracia descendente. Lo que sí vemos en esos casos son estos concéntricos anillos de casas organizados similar al interior de un tronco de árbol alrededor de salones de asambleas de vecindad. Y así permaneció cerca de 800 años. 
Entonces lo que esto significa es que mucho antes del nacimiento 
de la democracia en la antigua Grecia, ya habían ciudades muy bien organizadas en varios continentes del mundo las cuales no presentan evidencia de dinastías gobernantes. Y algunas de ellas al parecer no tuvieron necesidad de sacerdotes, mandarínes y políticos guerreros. Por supuesto que algunas de estas tempranas ciudades terminarían convirtiéndose en capitales de reinos e imperios. Pero es importante reconocer que otros se fueron por direcciones completamente distintas. 
Usando un ejemplo muy bien documentado, cerca del año 250 d. C., la ciudad de Teotihuacán, en el Valle de México, con una población cercana a 100,000 personas, le dieron la espalda a los templos piramidales y sacrificios humanos y se reconstituyó a sí misma como una enorme colección de villas cómodas dándole hogar a la gran mayoría de la población. Cuando los arqueólogos investigaron estos edificios en un principio, asumieron que eran palacios. Para percatarse que básicamente todos en la ciudad vivían en algún palacio con patios espaciosos y drenajes en el subsuelo, murales preciosos en las paredes. 
Pero no deberíamos dejarnos llevar. Ninguna de las sociedades que les he estado describiendo eran perfectamente equitativas. Pero podríamos recordar que la Atenas del quinto siglo, la cual hacemos referencia como lugar donde nació la democracia, también era una sociedad militarista fundada sobre la esclavitud, donde las mujeres estaban completamente excluidas de la política. Quizá en comparación, un lugar como Teotihuacán no estaba haciendo un mal trabajo manteniendo al genio de desigualdad en su botella. 
Pero tal vez podamos olvidarnos de todo eso, mirar a otra parte. Quizás todas estas cosas que les describo son básicamente anomalías. Quizá aún podamos mantener intacta nuestra historia familiar de civilización. Y después de todo, si las ciudades sin gobernantes en verdad eran tan comunes durante la historia de la humanidad, ¿por qué Cortéz y Pizarro y todos esos conquistadores no encontraron a algún gobernante cuando comenzaron su invasión? ¿Por qué solo encontraron a Moctezuma y Atahualpa enseñoréandose de sus imperios? 
Excepto que eso tampoco es verdad. De hecho, la ciudad donde Hernán Cortéz encontró a sus aliados militares, esos que permitieron un asalto exitoso sobre la capital Azteca de Tenochtitlán, fue exactamente una ciudad que no tenía gobernantes: una república indígena llamada Tlaxcala, gobernado por un parlamento urbano, el cual tenía rituales de iniciación muy interesantes para aspirantes políticos. Serían azotados periódicamente y sometidos a abusos por sus electores para, digamos, romper sus egos y recordarles quiénes sí están a cargo. Es un poco diferente a lo que esperamos de nuestros políticos modernos. Y los arqueólogos, por cierto, también han trabajado en Tlaxcala, excavando los restos de la ciudad antes de la conquista, y lo que han encontrado es bastante asombroso. De nuevo, los templos y palacios no son la arquitectura más impresionante. Son las muy bien designadas residencias de ciudadanos comunes colocadas a lo largo de estas grandes terrazas viendo desde arriba las plazas del distrito. 
Y no solo es la historia de las ciudades que la ciencia arqueológica moderna está poniendo de cabeza. También sabemos que la historia de las sociedades humanas antes de la llegada de la agricultura, no se parece nada a lo que una vez imaginamos. Lejos de esta idea donde la gente vivía todo el tiempo en grupos pequeños de cazadores, de hecho, lo que vemos el día de hoy es evidencia de una extrema variedad de experimentación social antes de la llegada de la agricultura. En África, hace 50,000 años, los cazadores-recolectores ya estaban creando redes enormes, redes sociales, cubriendo partes grandes del continente. En la Europa de la Era de Hielo, hace 25,000 años, vemos evidencia de individuos elegidos para grandes entierros especiales, y sus cuerpos cargados con ornamentación, armas e incluso lo que parecían ser ropajes. Vemos edificaciones públicas construidas sobre los huesos y colmillos de mamuts lanudos. y hace alrededor de 11,000 años, volviendo al Medio Oriente, donde comencé, los cazadores-recolectores construyeron templos enormes de piedra en un lugar llamado Göbekli Tepe en la Turquía oriental. En América del Norte, mucho antes de la llegada del cultivo de maíz, poblaciones indígenas crearon los enormes terraplenes de Poverty Point en Lousiana, capaces de acoger hasta a miles de cazadores-recolectores públicos. Y entonces Japón, de nuevo, mucho antes de la llegada del cultivo de arroz, los almacenes de Sannai Maruyama ya podían soportar grandes excedentes de alimentos de plantas silvestres. 
Ahora, ¿Cuál es la finalidad de todos estos detalles? ¿Qué significa todo esto? Bueno, como mínimo, yo sugeriría actualmente es un poco exagerado apegarse a esta noción que dice que la invención de la agricultura significó el abandono de este Edén de igualdad. O apegarse a la idea que las sociedades pequeñas tienden a ser especialmente más equitativas, mientras que aquellas que son grandes deben forzosamente tener un rey, presidentes y estructuras descendentes de control. Y también existen algunas implicaciones contemporáneas. Digamos, por ejemplo, la noción común que la democracia participativa es natural de alguna forma en alguna comunidad pequeña. O quizás un grupo activista, pero siendo imposible ampliarse hacia algo como una ciudad, una nación o incluso una región. 
Bueno, de hecho, la evidencia de la historia humana, si estamos preparados para examinarla, sugiere lo opuesto. Si las ciudades y confederaciones regionales, unidas entre sí más que nada por consenso y cooperación existieron hace miles de años, ¿quién nos impedirá crearlos otra vez el día de hoy con tecnologías que nos permitan superar la fricción de la distancia y de los números? Quizás no sea muy tarde para comenzar a aprender de esta nueva evidencia del pasado humano, incluso para comenzar a imaginar qué otros tipos de civilizaciones podríamos crear si tan solo lográramos dejar de decirnos a nosotros mismos que este mundo en particular es el único que puede existir. 
Muchísimas gracias. 
(Aplausos) 
