Vivimos en una cultura en la que el tiempo apremia. Nunca hay suficiente tiempo. Y lo vemos, lo sentimos a nuestro alrededor todos los días. Vivimos en un mundo que valoriza el trabajo, los logros, el ajetreo. Y eso tiene un lado muy bueno, hay mucho valor en eso. Nos empujan, nos impulsan hacia el logro, la acción y la creación. Eso es genial, pero también tiene un lado negativo. Y creo que vale la pena hablar sobre eso. 
Hay un estudio hecho por el <i>Management Research Group</i>, de 10 000 líderes de alto nivel. Se les preguntó: ″Qué es algo clave para el éxito de su organización?″. El 97 % de los encuestados dijo que era la planeación estratégica a largo plazo. ¿Cuándo sucede que 97 % de la gente está de acuerdo en algo? Es una opinión casi unánime  que ser un pensador a largo plazo, tener perspectiva, ser capaces de pensar  y hacer preguntas importantes, es esencial para nuestro éxito. Y sin embargo, en otro estudio, 96 % de líderes encuestados dijeron que no tienen tiempo para pensar de forma estratégica. 
(Risas) 
¿Qué está pasando? ¿Por qué… cómo puede ser… que 96 % de las personas no hacen la única cosa que consideran lo más importante para su éxito? 
Creo que sabemos la respuesta… o al menos eso creemos. El profesional típico asiste a 62 reuniones al mes. Eso parece inaudito. ¿Cómo puede ser? Pero si lo analizamos, no son tantas. Son dos o tres reuniones por día, y eso probablemente sea normal para muchos de Uds. Así que 62 reuniones al mes. Eso no ayuda, y eso está mal. Eso contribuye. 
Además, sabemos de otra cosa… el correo electrónico. Un estudio realizado por McKinsey demostró que el profesional promedio pasa 28 % de su tiempo respondiendo correos electrónicos. Por supuesto que eso nos agota, por supuesto que nos hace estar ocupados. 
Pero en realidad creo que no es el panorama completo. Esas son manifestaciones. Son problemas legítimos. Pero hay otras cosas que suceden debajo de la superficie, razones por las que tal vez de alguna forma, estamos trabajando con objetivos contradictorios. Durante mucho tiempo casi todos hemos dicho que queremos estar menos ocupados, y sin embargo seguimos tomando decisiones que nos ponen en esa situación de estar tan ocupados  como siempre lo hemos estado. 
¿Qué ocurre? Un estudio de la Universidad de Columbia arroja un poco de luz en el asunto. Silvia Bellezza y sus colegas han hecho un estudio interesante sobre el hecho de que en algunas culturas, principalmente la estadounidense, el ajetreo es una especie de estatus. Cuando decimos, “Ah, estoy tan ajetreado!”, lo que en realidad decimos es una versión aceptable de ″¡Soy tan importante!″ 
(Risas) 
″¡Soy tan popular!″ ″¡Estoy tan solicitado!″ Y la verdad es que puede ser difícil… renunciar a esa sensación, incluso si decimos que queremos hacerlo. 
Esa no es la única razón, por supuesto. Resulta que es muy difícil para la mente humana lidiar con condiciones de incertidumbre, y en la vida moderna hay mucha. A veces nos dan tareas o desafíos, y la verdad es que simplemente no sabemos cómo hacerlo. ″Aumenta las ventas por 30 %″. ¿Cómo? Hay muchas maneras de hacerlo, pero no tienes certeza. A veces es más fácil simplemente redoblar la apuesta y seguir haciendo más de lo que ya estamos haciendo. Eso puede no ser la mejor respuesta, pero es una respuesta, y elimina la incertidumbre. 
El panorama es aún peor cuando hablamos de cuestiones existenciales, cuando hablamos de asuntos incómodos que tal vez no queremos abordar. Podría ser, ″¿Estoy en el trabajo correcto?″. O, ″¿Estoy en la carrera correcta?″. Esas son preguntas para las que, a decir verdad, tal vez no queremos respuestas. Y así nos ocupamos como una forma de evitar tener que hacernos esas preguntas. 
Hay una tercera razón, y admito que la conozco bien, y es que a veces usamos el ajetreo como una forma de anestesia. Yo lo he vivido. Este es mi chico Gideon, y murió en 2013. Lo había tenido durante 17 años, y era mi mejor amigo. Después de su muerte, siendo honesta, yo no quería estar en casa porque sabía que él no estaría ahí. Así que durante dos años, mi vida era un Uber a un aeropuerto, a un hotel, y de regreso, porque realmente no quería enfrentarme a eso. Para muchos de nosotros, hay cosas que no queremos afrontar. Lo que buscamos con el trabajo es un anestésico. Y como me gusta decir, el trabajo es mejor que el crack… 
(Risas) 
Así que si tienes que elegir… 
(Risas) 
¡no es lo peor! 
(Risas) 
Pero la verdad es que tampoco es una solución sustentable. Muchos quedamos atrapados en un patrón de ajetreo, de exceso de trabajo. A veces incluso es difícil recordar cómo era antes. A menudo en nuestra mente, cuando pensamos en ajetreo, lo que pensamos es esto. Pensamos en un éxito triunfal, y tener el mundo a nuestro alcance. La verdad es que, a menudo, el ajetreo se ve así. Se ve como soledad. Se ve como frustración. Se ve como tener una vida que no está bajo tu control. 
Así que me gustaría proponer que hagamos un cambio. Porque si vamos a lograr derrotar el ajetreo de una buena vez, en primer lugar, debemos ser realistas y reconocer lo que está detrás de ese ajetreo que llena nuestros días. Tenemos que ser honestos sobre lo que nos motiva para poder hacer una elección diferente. Porque se trata de nuestra elección. Tenemos que reconocer que la libertad real consiste en crear el espacio para poder respirar, el espacio para poder pensar. Al final, la verdadera libertad consiste en elegir cómo y con quién queremos pasar nuestro tiempo. 
Gracias. 
(Aplausos) 
