En Atenas, Grecia, de donde yo vengo, como en muchas ciudades del mundo, mucha gente pensaba que el cambio climático era algo que tardaría en suceder. Hasta que empezaron a caer cenizas del cielo y las temperaturas se acercaron a los 45 °C en el verano del 2021, permaneciendo por encima de los 40 °C por varios días. El asfalto hervía y grandes incendios acabaron con bosques de los alrededores, y hubo gente que falleció. 
La última década ha sido la más caliente que hayamos tenido en nuestra historia. Paradójicamente, aunque llevamos décadas hablando sobre el calentamiento global, no hemos hablado del calor extremo, en particular, en zonas urbanas. 
El calor extremo es el más letal de todos los fenómenos climáticos. Muy poca gente lo sabe. Y lo pasamos por alto porque no es tan histriónico como ver techos que salen volando o calles convertidas en ríos. El calor destruye de manera silenciosa. Sin embargo, no hay muchas formas de evitarlo. Nuestros cuerpos no están hechos para adaptarse a esas temperaturas. Nuestras ciudades e infraestructura tampoco lo están. La estructura de nuestras ciudades y sus superficies absorben el calor, lo almacenan y lo irradian por la noche. Los autos y el aire acondicionado lo incrementan en un ambiente urbano. Ya tenemos una mezcla mortal. Esto es a lo que llamamos la isla de calor urbana. 
La lista de los efectos en la salud, por calor y olas de calor, es larga, e incluye graves problemas de salud mental. También... provoca fatiga e insomnio, lo que, consecuentemente, incrementa lesiones en el trabajo, así como grandes pérdidas en productividad. También sabemos que las olas de calor incrementan la violencia en comunidades. Es algo que hemos podido relacionar y también disminuyen la capacidad de los niños para aprender. Y en las ciudades, está claro, que no a todos les afecta igual. La gente pobre, sobre todo gente sin hogar o acceso a energía, es la más vulnerable, así como la gente con condiciones preexistentes, gente mayor de 60 años, mujeres embarazadas, jóvenes y la gente que trabaja en obras manuales. También sabemos que el calor ha acabado con cultivos, reduciendo las cosechas, complicando la polinización, por lo que cada vez más agricultores salen a trabajar antes del amanecer o durante la noche, pare cosechar. Simplemente hace demasiado calor. Las grandes infraestructuras que hemos construido, con ingenio y esfuerzo, en los últimos dos siglos, como presas, canales, autopistas y vías ferroviarias, se diseñaron, meticulosamente, para un clima que ya no existe. 
¿Qué podemos hacer? Hablaré sobre ciudades, porque a eso me dedico. Como directora de calor en Atenas, divido todos los posibles esfuerzos en tres categorías generales. Conciencia, preparación y reestructuración. Lo primero, la conciencia, significa reconocer la amenaza. A veces es difícil convencer a la gente, sobre todo en climas calientes, de que tengan cuidado con la exposición al calor. Así que, este año, con Arsht-Rockefeller Resilience Center, llevaremos a cabo, por primera vez este verano, en cuatro ciudades de EE. UU. y Atenas, una nueva metodología para nombrar y categorizar las olas de calor, como con los huracanes. Así que, piensen en esto. Cuando hay un huracán categoría 4, no se espera que un repartidor nos lleve pizza a la casa, ni se espera que haya gente que siga trabajando en construcciones. Sin embargo, no contamos con las mismas consideraciones o normas con respecto a una ola de calor de categoría 4, porque no hay categorías para ello. Como no hay una métrica, no tenemos categorías. Y creo que esto cambiaría todo. Y es solo una cosa, pero creo que es importante. 
La conciencia da paso a la preparación, es decir, estar listos, por así decirlo, para que cuando ocurra, al menos, protejamos a los más vulnerables. Y hay muchas cosas que se están haciendo en ciudades alrededor del mundo. Cosas a corto plazo, para proteger a la gente de las olas de calor. Por ejemplo, en Atenas, desarrollamos una aplicación móvil que da una valoración de riesgo al calor, personalizada y en tiempo real, señalizando en un mapa dónde se puede buscar refugio o dónde están los lugares frescos más cercanos. Nueva York ha creado un gran sistema de compañerismo, donde la gente de un vecindario, durante las olas de calor, está pendiente de los más vulnerables ahí. También, creo que hace un par de años, dieron 74000 aires acondicionados a personas mayores de bajos recursos. En Sídney hacen algo muy bueno, que es redireccionar la energía del sector industrial hacia distritos residenciales para evitar apagones durante las olas de calor. 
Estas son algunas posibles soluciones a corto plazo que se han estado haciendo. Pero nuestra mayor tarea es rediseñar nuestras ciudades, para que sean más frescas, pensando más allá  de los aires acondicionados. Antes de que empezáramos a diseñar nuestros edificios y ciudades, y antes de enfriarlas o calentarlas usando combustibles fósiles, la arquitectura ya había incorporado sabiduría de hace siglos para diseñar soluciones y materiales que iban acorde con las condiciones climáticas locales. Paredes gruesas con pequeños orificios, o ventanas bien colocadas en la parte superior, que hacen que el aire circule de abajo, hacia arriba y afuera o persianas exteriores. Patios internos verdes, con sombra y fuentes, o puertas exteriores que se encalan cada primavera para que reflejen el calor del verano. 
Comparen eso con el concreto, el acero y los edificios de vidrio que cuentan con aire acondicionado y con ventanas selladas, que, prácticamente, hacen que nuestras ciudades atrapen el calor, contribuyendo al problema, en vez de solucionarlo. Lo que realmente debemos hacer es reestructurar y rediseñar, por completo, nuestras zonas urbanas, alejándonos de la lógica del modernismo. Un modernismo basado en carbono. 
El carbono está ahí desde el principio, en los materiales que usamos, en la forma de construir, en la forma de usar los edificios, de calentarlos y enfriarlos, en la forma de comer, de consumir, de desplazarnos en nuestros espacios. Así que tenemos que rediseñar nuestras ciudades, pensando más allá de la eficiencia y reduciendo las emisiones de carbono. Necesitamos una revolución de diseño urbano, un cambio en el paradigma, que, probablemente, no requiera de arquitectos al mando, sino paisajistas, con mayor conocimiento sobre termodinámica y los suelos, y sobre su importancia para la biodiversidad y todas esas cosas que, realmente, pueden ofrecer un cambio de paradigma. Una revolución de diseño, un nuevo tipo de urbanismo, que sea un animal metabólico distinto. Las ciudades del futuro serán sistemas metabólicos distintos. 
Y aún no sabemos cómo será, pero creo que será maravilloso, y que es solo el comienzo. Pero lo que sí sabemos, es que necesitamos, urgentemente, que nuestras zonas urbanas resistan estas condiciones climáticas. Hay materiales y tecnologías en desarrollo que pueden ayudar, pero lo principal, lo más importante de todo, para reducir el calor en las ciudades es incluir a la naturaleza en los planos. Esto significa un gran incremento de árboles, de la cobertura que ofrecen, de biodiversidad y de agua en las superficies de nuestras ciudades, para poder reducir el calor. 
(Aplausos) 
Este es el momento, esta es la década, lo que significa que las ciudades tienen que replantearse las interconexiones e interdependencias en distintos sistemas urbanos, tienen que pensar bien en los recursos y contar con sistemas de respaldo, indemnización, flexibilidad y diversidad. También hay que pensar en sustentabilidad e igualdad, eso es lo que le da resiliencia a nuestras ciudades. Y esto ya se está haciendo, las ciudades están cambiando. Estamos aprendiendo entre todos, porque, por primera vez, en las últimas décadas, las ciudades forman parte de poderosas redes urbanas, por lo que nos comunicamos y aprendemos entre todos. Sistemas como Resilient Cities Network y C40 apoyan mucho a las ciudades. 
Voy a terminar dando unos ejemplos de lo que han hecho ciudades, empezando con Atenas, por supuesto. En Atenas tenemos este increíble acueducto romano. Una obra maestra, increíble y antigua, del diseño y la ingeniería que recorre 20 kilómetros bajo tierra, fuera de nuestra vista, y al día de hoy, sigue transportando grandes cantidades de agua desde las colinas a las afueras hasta el centro de Atenas. Y el agua es perfecta para los riegos, sin que se le tenga que hacer nada. Y durante décadas, la estuvimos tirando como aguas residuales, y luego al mar. Ahora, este acueducto, este antiguo monumento, será utilizado para crear resiliencia y reducir el calor, promoviendo la naturaleza urbana de la moderna ciudad de Atenas. 
Otro gran ejemplo es Medellín, en Colombia. En Medellín hicieron 36 corredores verdes, toda una red de árboles y flores que ha reducido cuatro grados en la temperatura de la ciudad, además de ofrecer muchos otros servicios ecosistémicos, como recolectar contaminación, contaminación acústica, así como erosión del suelo y del agua. Todas estas cosas son servicios ecosistémicos muy importantes. 
Probablemente saben que en Seúl, en Corea del Sur, desmantelaron una autopista que tenía diez carriles, y otras cuatro calles superiores, como vías rápidas, para restaurar un río que iba por debajo. Crearon un corredor azul y verde, de casi seis kilómetros, como un espacio continuo para la vida salvaje, y para gente caminando o en bicicleta, que no solo reduce las temperaturas, con reducciones registradas de hasta 5.9° C en esa área, sino que también protege a la ciudad de inundaciones. Y, por supuesto, atrae a miles de visitantes cada día, ha generado muchos empleos y ha contribuido al desarrollo empresarial más que en cualquier otra parte de Seúl. 
París está usando el agua del Sena para refrescar de manera gratuita los edificios a los alrededores. 
Y, finalmente, terminaré con Melbourne, en Australia, donde crearon Nature in the City Strategy donde han analizado y pensado cómo unir todos los niveles del ecosistema, desde el suelo y sus hongos, hasta las plantas, animales, aves, insectos, y ranas y poner todas estas acciones que aseguran que el ambiente urbano en el que sus hijos crecerán será mucho más rico y sano. 
Lo que realmente me emociona de este trabajo, de ayudar a enfriar las ciudades y trabajar en contra del cambio climático, es que en verdad siento que estoy ayudando a crear ciudades mucho mejores en las cuales vivir. Tan solo recuerden que el uso excesivo del aire acondicionado no será suficiente. 
Gracias. 
(Aplausos) 
