Imagínense esto. Están en su carro y empiezan a preocuparse. Estaban dependiendo mucho en que esa gasolinera estuviera abierta. Ahora no están seguros si van a poder llegar a la próxima que vean en el mapa. Y esta área se conoce por sus gasolineras de poca confianza. Definitivamente no pueden recorrer suficiente distancia para llegar a la que usualmente funciona bien ni tampoco a la que tiene servicio al cliente decente con su número telefónico cuando no está funcionando. Así que reducen la velocidad para conservar energía y suspiran cuando ven arrimar una colina gigante en la autopista más adelante de ti. Con la manera que conduce las personas, no hay ninguna manera que vayan a subir la colina a una velocidad segura sin arruinar su eficiencia energética. 
Hace calor, pero apagan el aire acondicionado y se recuerdan de nuevo que el cargar el teléfono en el enchufe del carro no usa tanta energía. “Hombre”, piensan ustedes, “Me acuerdo cuando esto era un problema para los carros eléctricos. Pero cuando compré este carro, no pensé que el encontrar gasolina viniera a ser un problema”. 
(risa y aplausos) 
Si tenemos éxito en llegar a las metas climáticas internacionales, los sistemas de infraestructura del combustible fósil que apoyan alrededor del 80 % del consumo de energía global se retiraría en su mayoría, si no por su totalidad, en las próximas décadas. El dominio global de los combustibles fósiles y la emergencia global del cambio climático significan que este mandato de retiro existe en todas partes, ya sea que la infraestructura es relativamente vieja -- como en los EE.UU, en donde trabajo en estos asuntos y de donde vienen la mayoría de mis ejemplos -- o relativamente nuevos, como lo es en muchos países con una industrialización reciente. 
Lo que estoy hablando es de infraestructuras grandes, como las plantas eléctricas y las refinerías, pero también temas como las gasolineras y los carros, las estufas y hornos de las personas. La infraestructura del combustible fósil es una red compleja de industrias de alto peligro que necesitan poder continuar a operar de forma segura hasta que el sistema nuevo esté listo para hacerse cargo, inclusive durante emergencias complicadas por el cambio climático. 
Dejar que estos sistemas se desgasten sería sumamente disruptivo y peligroso. Anticiparíamos un daño desproporcionado a las comunidades abrumadas y desatendidas quienes no pueden excluirse de la subida de precios, de los planes de remediación abandonados y de un descenso al acceso a los servicios de energía. Esto crea unos gastos continuos en combustibles y una dependencia en trabajadores altamente entrenados en industrias que no podrán durar más que su carrera, con un enfoque simultáneo en eliminar gradualmente las mismas industrias lo más pronto posible para atender el cambio climático y un sinfín de injusticias ambientales. 
Por eso es que necesitamos un plan. Y ahora mismo, básicamente no hay ningún lugar en el mundo en donde exista estos  planes de necesidad urgente para que eliminen el sistema de combustibles mientras establecen un sistema de energía limpia. 
Cuando hablamos de metas climáticas, la pregunta que me gusta hacer es, “Si en realidad creyéramos que seríamos exitosos, qué deberíamos de estar haciendo ahora”? El tiempo entre ahora y el éxito es en donde se vuelve real y bien difícil. Sara Hastings-Simon y yo llamamos esto el punto medio de transición. E incluso en el mejor de los casos, esto duraría por décadas. 
Durante el punto medio de transición, el sistema de energía limpia y el sistema de energía combustible son ambos muy pequeños para cumplir con los requisitos que tenemos, pero lo suficientemente grandes que ellos no pueden trabajar juntos Además, el punto medio de transición coincide con la transición climática. Es decir que esperaríamos que los sistemas que tengamos ahora se vuelvan menos funcionales mientras operan cada vez más lejos de los parámetros diseñados. También significa que no conocemos completamente lo que los sistemas nuevos necesitarán poder manejar. 
La otra problemática aquí es que también esperaríamos que el sistema de transición solo trabajaría menos bien que el punto de partida estable o el punto final estable. Siempre y cuando ambos sistemas operen a escala, no podemos optimizar las necesidades de ninguno. Las personas están dispuestas a aceptar a menudo algún nivel de problema para poder posibilitar una visión compartida del futuro. Pero la confianza en esa visión será extraordinariamente frágil cuando se requiera por décadas, mientras que los impactos climáticos han vuelto todo más aterrador y mientras visiblemente desmantelamos infraestructuras que las personas las recuerdan ser funcionales. 
Mientras planificamos, será fundamental mantener  principalmente un compromiso claro y enfocado a las personas y asegurar que sean proyectos dirigidos por la comunidad. 
Algo bueno de las infraestructuras energéticas existentes es que existen. Entonces pueden ir a una sala de personal en una planta eléctrica y platicar con las personas acerca de por cuánto tiempo esperan trabajar o cuáles partes del complejo necesitaría remediación. Esto significa que una planificación podría ser muy, muy exacta y guiada por la experiencia de las personas que están en esos lugares. ¿Quién necesitaría un trabajo si la planta eléctrica se cierra? ¿Es que todo el mundo en la ciudad tienen temperaturas seguras en sus casas? ¿Cuáles gasolineras operarían por encima de su productividad para asegurarse que todos lleguen a su trabajo mientras que maduran los sistemas de transportación alternativos? ¿Cuánto financiamiento extra necesitarían las bibliotecas si los ingresos tributarios disminuyen? 
Aunque unos buenos planes de transición necesitan estar 
sumamente arraigados en la comunidad, la escala y el impacto del sistema de energía requiere algún nivel de coordinación centralizada. Una estrategia sería establecer fechas límites para el retiro de activos de combustibles. Un aviso amplio, digamos de una década, daría a las comunidades suficiente tiempo para crear e implementar planes; y una fecha de finalización daría a las personas suficiente confianza para comprometerse a lo que sería un proceso intenso. 
Yo demostré que en EE. UU. el requerir que todos los generadores de energía de combustibles fósiles se cierren para el 2035, lo cuál es la meta de descarbonización del sector de energía del Presidente Biden, permitiría que una gran parte de ellos cumplan o superen una vida útil, potencialmente dando a las comunidades la certeza que estas fechas límites son manejables. Podría no ser el caso en lugares con infraestructuras más nuevas por lo tanto el discurso acerca de cómo escoger las fechas límites sería bastante diferente. Pero en general, el ser honesto con las personas acerca de qué va a ocurrir, con suficiente tiempo y apoyo para hacer algo al respecto puede ser muy transformativo, pero sí requiere un compromiso al final y asegurarse proactivamente que las personas tengan lo que necesitan para prosperar junto con la transición. Eso es lo que gana  y mantiene la confianza. Y no las metas lejanas de emisiones  con un plan de implementación ambiguo. 
La alternativa a transiciones no planificadas es inaceptable, 
pero común. En particular, esto es lo que esperaríamos ver si solo confiamos de que la energía limpia se vuelva bastante barata para desterrar  los sistemas de energía fósil. Lo que he observado por años es que las instalaciones de pronto pueden cerrarse con una ronda de despidos y una notificación de bancarrota con poco aviso y ningún plan para lo que sigue. 
Hace unos años atrás, 
estaba trabajando en una encuesta dentro de una comunidad minera y en la mañana que mi entrevista llegó a los buzones de las personas, cerca de 500 mineros fueron despedidos de repente. Solo cuatro empresas mineras estadounidenses usaron la bancarrota para evitar obligaciones de pensiones y de limpieza ambiental entre el 2012 y el 2017. La industria minera en los Estados Unidos es en realidad bien pequeña, ahora proveyendo alrededor del 11 % de la energía principal, bajando del 18 % de hace una década. Estamos hablando de retirar y remplazar con éxito infraestructuras que apoyan el 80 % del uso de energía global y en EE. UU. justo antes que llegue a mi edad de retiro. 
Planificar la transición es una responsabilidad ética que toma tiempo, pero que también crea oportunidades para implementar un futuro justo y sostenible que corrija los daños del pasado. Va a ser crucial la colaboración y el enfoque preciso en asegurar que las personas tengan lo que necesitamos para ser exitosos en esta transición, particularmente mientras la transición choca  con las tragedias climatológicos. 
¿Qué haríamos ahora si creyéramos tener éxito? Anticipar los obstáculos  y planificar para el éxito es el camino para un mundo justo,  descarbonizado y sostenible. 
Gracias. 
(Aplausos) 
