Murmurar incoherencias fantásticas, 
devorar bloques de queso desnudos, orinar en lugares que no son retretes, y tirarse por las ventanas. Todas estas son cosas que algunas personas han hecho estando sonámbulas, un comportamiento que suele ser benigno, pero puede ser peligroso en algunos casos. Se estima que alrededor del 18 % de las personas son sonámbulas al menos una vez en su vida. ¿Qué es exactamente el sonambulismo? 
Primero, tenemos que entender cuántas de nuestras actividades diarias no requieren nuestra atención activa. La corteza prefrontal es el centro de control consciente, deliberado y de toma de decisiones del cerebro. Puedes decidir levantarte y caminar usando tu corteza prefrontal, pero la compleja coordinación de estímulos y músculos que se produce no requiere ninguna atención. En cambio, lo ejecuta sobre todo una red de células nerviosas especializadas a lo largo de la parte inferior del cerebro y la médula espinal, a veces llamadas “generadoras de patrones centrales”. Estas áreas rigen los movimientos automáticos y las acciones básicas relacionadas con la supervivencia. 
Las personas con un trastorno de conducta del sueño REM 
pueden representar sus sueños mientras están en el sueño REM, normalmente manteniendo los ojos cerrados. Sin embargo, se trata de una condición independiente. El sonambulismo surge de una etapa muy diferente del sueño: la etapa más profunda del sueño no REM, que se denomina “sueño de ondas lentas.” En este estado, la corteza, incluida la corteza prefrontal, está esencialmente apagada. Cuando alguien se despierta en esta etapa, suele parecer aturdido antes de volver a quedarse dormido o de ser plenamente consciente. Pero en ese momento se encuentran en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia. Un episodio de sonambulismo es, esencialmente, una versión extrema y prolongada de esto. 
Cuando se es sonámbulo, la corteza prefrontal permanece inactiva, por lo que la persona no posee un control ejecutivo y deliberado sobre sus acciones. Pero otras partes de su cerebro están activas. Y, como sabemos, el cuerpo es capaz de hacer muchas cosas sin involucrar a la corteza prefrontal. Los sonámbulos evitan obstáculos, caminan y hablan... aunque a menudo son tonterías. La mayoría de los sonámbulos pueden hacer cosas básicas, operando en un estado pacífico, sin emociones y sin sueños. 
En casos raros, 
los sonámbulos realizan tareas complejas como cocinar o conducir. A veces se guían por impulsos físicos, como comer o realizar actos sexuales. Y en algunos episodios interviene el sistema de lucha o huida del cerebro, durante el cual la persona puede percibir repentinamente un peligro inminente y vocalizar, llorar o incluso saltar de la cama y salir corriendo. Estos episodios, llamados “terrores del sueño”, son más comunes en niños pequeños y suelen solventarse de forma natural. 
De hecho, el sonambulismo suele ser más frecuente en los niños, quizás porque las áreas del cerebro que controlan la transición entre el sueño y la vigilia aún se están desarrollando. Pero los mecanismos exactos que causan el sonambulismo siguen sin estar claros. Muchos casos parecen ser hereditarios, mientras que otros son más misteriosos. Se cree que cualquier cosa que pueda provocar un despertar parcial aumenta la probabilidad. Esto incluye factores que promueven un sueño más profundo de ondas lentas (como los sedantes, los ambientes calurosos y dormir muy poco) o factores que perturban el sueño, como el estrés y otros trastornos del sueño, como la apnea del sueño y el síndrome de las piernas inquietas. 
Por lo general, los médicos evalúan estos factores y promueven hábitos que contribuyen a un sueño saludable, como el ejercicio, el control del estrés y un horario de sueño constante y suficiente. También suelen recomendar medidas de seguridad, como ocultar objetos peligrosos, instalar alarmas en las puertas y asegurar las ventanas. Si esto no ayuda, considerarán ciertos medicamentos. Pero muchos de los tratamientos disponibles para el sonambulismo aún no se han estudiado rigurosamente, por lo que no está del todo claro cómo funcionan y ni qué eficacia tienen. 
Entonces, ¿qué debes hacer si te encuentras con un sonámbulo? Una idea errónea común es que despertar a un sonámbulo causa un daño irreparable. Afortunadamente, esto no es cierto. Aun así, intentar despertarlos a la fuerza puede causar confusión y angustia. La mejor práctica parece ser guiarlos suavemente de vuelta a la cama; y, si se resisten, simplemente asegurarse de que estén a salvo hasta que finalice el episodio. 
